miércoles, 11 de abril de 2012

Capítulo 9

Capítulo 9
Le   Ghiantre


Habían pasado más de tres horas desde que los jóvenes fueron metidos en contra de su voluntad a los calabozos de la nave: Le Ghiantre, enorme y poderosa, temida y, hasta cierto punto, respetada en todo lo ancho del mar. Las velas eran color negras con el símbolo de las espadas impregnadas en ellas; la madera parecía oscura pero seguramente era por la suciedad que trascendía de los años. A diferencia de los piratas los bárbaros no limpiaban su nave a menos que sea con las lluvias del medio año o la misma agua salada del mar que a veces brincaba precipitada sobre la borda.
Y ya ni hablar de sus desperdicios corporales. Con suerte el mismo mar hacía historia sus "pertenencias".

Los bárbaros de agua salada eran los peores de su especie. La cual se ramificaba entre los que vivían permanentemente como guerreros en las colinas húngaras de Baldohem; y los que viajaban en naves en busca de nuevos refugios y pueblos abandonados dónde pudieran poblar los de su especie... o conquistar.
En el viejo mundo los bárbaros eran uno de los seres más temidos porque conservaban antiguas tradiciones cómo los rituales de sacrificio, dominar reinos enteros y encontrarse en guerras de conquista cómo ya se mencionó antes. Desde luego la pequeña pisca de piedad había sido borrada de su tribu muchas décadas atrás con la guerra que los consolidó como bárbaros separándolos de la gente normal a casi ser animales; bestias insaciables de sangre, sudor y tierra.



Afortunadamente para Neil y Tedd conservaban celdas separadas entre los tres, porque si a Molly le hubiera tocado alguno de los dos ya lo hubiera matado a golpes en ese momento.
Durante esas horas ella las pasó gritando maldiciones y deseando haber muerto en la horca.
Los muchachos guardaron silencio mientras eran regañados. No podían decir nada porque todo era cierto. Su plan había salido catastróficamente mal. Por ningún momento pensaron que tarde o temprano terminarían en manos de los bárbaros... mucho menos prisioneros. Al haber investigado los botes comerciales de esas horas no esperaban ser víctimas de uno de los engaños más aclamados por los comercios y las bahías vecinas.
El padre de Tedd McLorence hace meses le contó que había marinos sangrientos engañando en el mercado para robar comida y llenar sus barcos escondidos de despensa para sus viajes.


-Te puedes ir olvidando de llegar a Shelsy -le dijo Tedd tratando de esconder su preocupación. Aunque después de un rato era muy fácil de notar. -Si ellos estaban en el mercado del muelle quiere decir que se han abastecido para un largo viaje.
-¿Qué creen que nos hagan? -preguntó Neil aterrado.
-Ojala los maten -pronunció tranquila y sin vacilar. Molly estaba más seria que en minutos pasados. -En todas partes he oído los rumores de que los bárbaros del mar casi nunca comen bien. Las comidas son tan escasas que se tienen que matar unos a otros por el último pedazo de pan. Inclusive, a veces, se comen a gente que ellos capturan...
-¡Eso no es cierto! -gritó Neil con los ojos vidriosos.
-¡Ustedes no saben nada de mí! ¡No tenían ningún derecho a salvarme!

Durante unos segundos el joven carnicero y la ladrona se gritaron mutuamente todos sus pesares.
Los tres estaban alterados. Sabían que estaban más cerca de la muerte de lo que podían haber imaginado; al menos Tedd y Neil.
Estuvieron a punto de abrir viejas heridas en ambos corazones cuando de pronto Tedd de un grito los mandó a callar.

-Neil... ella tiene razón, no sabemos nada sobre ella -produjo tranquilo, tomó su debida pausa y aprovechó que era escuchado por sus compañeros de celda. -Los tres somos muy distintos y tenemos diferentes formas de pensar. Incluso me atrevo a decir que es mejor que se hayan dado estas circunstancias, porque el mundo fuera de Laroiss es muy cruel. Quizás tú Molly ya lo sabes... pero no hay de otra que seguir viviendo.
Ahora en este momento estamos atrapados y no pienso morir atrapado. Todavía me falta robarle el corazón al amor de mi vida.
-¿Cómo vas a salir de aquí? -preguntó Molly ignorando su último comentario.

Los tres jóvenes escucharon voces en la parte superior del barco. Justo encima de ellos sentían que las cosas estaban agitándose.
Miraron los tres casi al mismo tiempo por pequeños orificios que daban hacia el exterior. Al principio no veían más que mar y cielo. Sin embargo en un instante el paisaje fue bloqueado por las naves del imperio real de Laroiss y la frontera con el sur hacia las ciudades centrales.

Neil no pudo evitar una sonrisa de entera satisfacción y estuvo a punto de gritarles que allí lo tenían preso. Pero luego recordó lo que hizo en La Gran Central y pensó que bajo la advertencia que había recibido en la corte real y aún después haber detenido la ejecución de Molly tendría el mismo destino en Laroiss que con los bárbaros.
A pesar de todo su llama por seguir su viaje hacia Monihiant Xyay no se había apagado por completo.

Le Ghiantre pasó la frontera sin muchas complicaciones.
Uno de los generales pisó el bote por unos cinco minutos y luego regresó con sus compañeros. Los jóvenes no vieron nada ni escucharon más allá de los pasos en el piso de madera, sin embargo se les hizo claro que la frontera era sobornada por los bárbaros. No sabían cómo pero había ya un trato ahí. De alguna forma los bárbaros les tenían que ser útiles a ellos y dichos cerdos aprovechaban su inmunidad para abastecerse en sus viajes.



Pasó un largo rato en el que los muchachos no vieron ni sintieron presencia de nada sobre sus cabezas. El barco siguió su rumbo atreves del mar por unas cuantas horas más.
Los tres morían de hambre. En Molly era menos notorio y aún así le gruñían las tripas.

-Fue inútil empacar -dijo Tedd a sus compañeros. -Seguramente ya todo lo habrán hecho pedazos. La poca comida que trajimos ahora debe estar regada entre ellos a como se les dio a entender.
-Es que todo lo planearon muy bien, no sé por qué todo ocurrió de esta forma. -produjo sarcástica Molly ya recostada en la rechinante madre maloliente y vieja.
-Para empezar no tendríamos estos problemas si no fuera por ti y tus compañeras... -exclamó McLorence.
-Nada de eso hubiera pasado si no te comportaras como un casanova para hacer tu vida más interesante. Con mis compañeras luego me las arreglo.

La discusión de Tedd y Molly duró demasiado poco; un fornido y oloroso bárbaro entró a los calabozos, abrió la celda de la chica y con sus sudadas manos la tomó  y la cargó entre sus brazos hasta ponerla en sus hombros y dejar su cuerpo colgando como un costal de papas.
La chica apenas y se inmutó con tal acontecimiento. Tenía un rostro inexpresivo cuando el hombre se la llevó.
Todo pasó tan rápido que ni Neil ni Tedd tuvieron tiempo de reaccionar. Quizás en el fondo no querían ser ellos los que fueran sacados de ahí con tal persona.

Tedd se volvió a su amigo.

-Tenemos que salir de aquí -dijo Neil antes de que Tedd pudiera articular palabras semejantes. -Tenemos que ayudarla.
-La debes amar demasiado como para querer subir allá con todos ellos.
-¡No es eso! -se sonrojó Neil y apuntó hacia la celda de Molly. -El bárbaro dejó las llaves pegadas en el cerrojo de su celda.

Tedd volteó y comprobó que era verdad. Sin embargo eso no provocó que se sintiera más tranquilo ni un poco.

-No importa que escapemos de las celdas, aún seguiremos atrapados en esta enorme prisión flotante. -Tedd respiró profundamente y aunque el olor fétido lo hizo toser fuertes bocanadas de aire comprimido continuó. -Sólo habrá una manera de salir con vida y es muy arriesgado para nosotros.
-Me da miedo preguntar.
-Absian-Ley.
-¡No! -gritó Neil ante tales palabras.

Tedd ignoró las palabras de Neil exclamó con tal desesperación. El joven estiró sus brazos y tomó las llaves.
Bastó un minuto para que los dos estuvieran fuera de sus jaulas. Neil seguía pronunciando sus preocupaciones hasta que su amigo lo calló.

-No importa lo que digas, tú bien sabes que es la única manera -dijo Tedd con las manos en los hombros de sus amigos. -Otra cosa, creo que ya lo sabes pero no debes decir absolutamente nada sobre que eres el hijo de Monihiant.
-Descuida, no tienes que decírmelo -Neil volvió a tener sus ojos vidriosos mientras acompañaba a su amigo a la parte superior del barco.



Al subir encontraron la desagradable escena de al menos una docena de esos bárbaros rodeando a Molly; ésta un poco golpeada del cuerpo y semidesnuda.
Tedd y Neil llamaron la atención de todos los tripulantes. Por primera vez se dibujó un rostro de alivio en la joven, seguida de una amargura profunda en sus ojos oscuros avellanados.

Los bárbaros estaban a punto de arrematar contra los muchachos de Laroiss cuando las palabras seguras de Tedd los detuvieron.

-¡Absian-Ley! -gritó. -¡Convoco un Absian-Ley!

Un silencio sepulcral inundó el bote; sólo el mar gritaba con sus olas a la vez que se estampaban contra Le Ghiantre.
El bárbaro de cabellos castaños: capitán del bote inmundo y pegajoso dio unos pasos al frente. Salió a la vista de todos.

-Debes saber que el sólo hecho de convocar esas palabras traerás grandes sacrificios para ti y tus amigos -su robusta voz imponía seriedad en el aire. -¿Qué puedes tener tú que yo quiera? Tengo sus vidas, tengo sus esperanzas encerradas en este puño.

Apretó su mano para formar el puño del que hablaba en su alegórico discurso.

-Yo lo sé bien... -dijo Tedd aunque con su voz decidida sus piernas le flaqueaban. -Pero también sé muy bien que los bárbaros tienen un código. Igual o casi idéntico al de los piratas. Mi conocimiento de él no le incumbe a usted; acabo de invocar un Absian-Ley y eso significa que tendremos tú y yo un duelo a muerte. Ahora sólo la negociación nos incumbe sólo a nosotros.
-No me hagas reír...
-El sacrificio del invocador, o sea yo, será su propia vida y la de mis compañeros.
-¿Por qué aceptaría sus vidas? Ustedes ya me pertenecen.
-No puedes negarte -replicó el chico. -La invocación provoca que nuestras vidas están en juego. Todo lo demás lo decidirá el ganador y yo conozco lo que le ocurrió a aquel bárbaro que rehusó un Absian-Ley.

Todos los tripulantes del bote miraron comprometidos a su capitán. Él más que nadie sabía lo que le ocurriría si se negaba a aceptar el duelo. Nada más que ser la víctima de todo su bote, todos lo golpearían hasta matarlo.

-Si yo gano -dijo McLorence temeroso. -Tú tripulación nos liberará en la siguiente parada.
-Eres valiente muchacho. -pronunció después de haber dejado de reír. -Si yo gano usaré tu cuerpo para atraer a troinos al barco y con ellos usaremos a tu amigo hasta que suplique por su vida. Claro que a la preciosura nos la quedaremos para otros asuntos...
-Es mi vida por la tuya -dijo Tedd asqueado. -No entremos en detalles.

El capitán se giró a su tripulación.

-¡Preparen el barco y dejen toda esta parte despejada! -gritó -¡Tú y tú traigan las armas!

La tripulación se agilizó como si les hubieran prometido el festín de sus vidas. Se propagaron a hacer las tareas concedidas por su capitán.

-Mi nombre es Lorenzo Arcal -dijo y se quitó su túnica escarlata para dejar desnudo su cuerpo desde su torso hasta sus cabellos largos y desgreñados.
-Yo soy Tedder McLorence. -dijo el joven e imitó la acción del bárbaro únicamente librándose de su chaleco y atuendo azul. -Es curioso que ambos seamos Lorenzos cambiado por las regiones a la que pertenecemos.
-¿Sabes qué más es curioso?
-¿Qué?
-Que me hice capitán de éste barco a tu edad.

Las palabras de Lorenzo dejaron tan confundido a Tedd que no se dio cuenta cuando la tripulación terminó los preparativos y ya todo estaba listo.

lunes, 2 de abril de 2012

Wallpaper 1

Hola, en mis horas de ocio hice este sencillo Wallpaper de The journey to monihiant xyay, espero que les guste.

 Ingles
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Español
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sábado, 17 de marzo de 2012

La Falsa Biografía de Monihiant Xyay

Este trabajo de escritura lo hicieron unas compañeras de curso de ingles. Es más de ellas que mío y es por eso que dejo presente y respeto sus derechos de autor.
Publicaré sus nombres y canales cuando tenga la biografía en limpio. La historia no es mía es de una de las chicas, yo no lo escribí sino la otra compañera. Lo único que aporte fue el nombre por lo tanto ésta no es la biografía real de monihiant xyay.


lunes, 5 de marzo de 2012

Capítulo 8


Capítulo 8
El   Juicio


La ladrona subió los escalones de madera que rechinaban uno a uno como galitanes furiosos protegiendo su camada. El rugido de la gente no dejaba escuchar más que maldiciones y risotadas; todos dirigidos a la joven la cual ya le estaban poniendo la soga alrededor del cuello; la ataron fuerte aunque no demasiado por experiencias pasadas. Había ocurrido ya varias veces que los ejecutores amarraban muy ajustada la soga a los condenados antes de soltarlos a su muerte. Ocurría que se asfixiaban antes de poder decir sus últimas palabras, caían desmayados y todo era más complicado no sólo hacia el jurado sino también hacia los lugareños morbosos.

La joven elevó su mirada sobre la multitud, fría y sin emociones apartó la vista y concentró sus últimas visiones en ver el mar que los rodeaba casi por completo. Cualquiera diría que anhelaba salir volando libre como un ave de ese maldito lugar. Pero la cruda realidad es que Molly no deseaba más que morir allí mismo.
Ella pertenecía a un grupo de asesinos que firmaban con sangre un juramento de lealtad al destino: sostenían religiosamente la creencia que debían luchar por sus vidas todo lo que pudieran, que si te atrapan debes seguir aferrándote a tu vida hasta el final; dicho final lo debías enfrentar con el honor que te sostuvo en pelea y dar la cara a la persona que te arrebate la vida. No vivas con la vergüenza, decían.

Finalmente le fue atado un grueso nudo alrededor de su cuello y girado hasta su nuca para cerrarlo allí. Mediante una cuerda se trenzó entre el nudo y dicha quedó muy justa para el peso proporcional de Molly y así poder levantarla.
Y hecho, la cuerda elevó el cuerpo de Molly lo suficiente como para dejar a la joven parada con la punta de sus pies.

En la silla real se encontraba la reina Catherine de la Feersh, por supuesto en una plataforma de un metro de alto por encima de la multitud; no sólo para ver mejor la sentencia sino para sentirse superior al resto de los habitantes de la villa y de La Gran Central. La reina no pudo ocultar una mueca en sus labios de especial satisfacción al ver a la joven ladrona en tal embrollo.
Molly la hubiera insultado con algún gesto pero tenía las manos atadas.



La ceremonia comenzó con el mismo juez dictando los crímenes que hicieron de Molly una de las asesinas más buscadas de los alrededores, junto con sus compañeras que no pudieron atrapar.
La gente gritó más fechorías supuestamente hechas por la muchacha, el juez ignoró todo lo no oficial dictado, escrito y estipulado por él mismo en la corte anterior. De entre todos era el que más lamentaba este momento.
El juez se dirigió a Molly, le hizo el gesto de salvación como hacía con todos los condenados en la villa de Laroiss.

-¿Tienes algunas últimas palabras que quieras decir?- le preguntó con dolo.
-Sólo que no me arrepiento de nada- exclamó sin vacilaciones. -Y que espero que la reina Feershis muera gorda y sola. No como yo que hasta audiencia tengo y soy bastante delgada.
-¡Exijo que acaben con su vida de una buena vez! -gritó la reina roja del coraje al mismo tiempo que algunos de la villa soltaron una carcajada pero la callaron antes de que alguien se diera cuenta de quién fue.


El ejecutor se dispuso a seguir. Sujetó con fuerza la palabra que abriría súbitamente la escotilla y dejaría caer al cuerpo. Sin embargo dicha acción nunca ocurrió. Sus oídos escucharon un leve chiflido en el viento; al instante un cuchillo de carnicero se impactó con el soporte inferior izquierdo de la horca.
El ejecutor, cauteloso, se apartó unos centímetros. Todas las personas vieron el cuchillo clavado en la madera y buscaron al responsable con sus miradas.
No tardaron en notar todos en silencio como una voz joven se quejaba de su tiro fallido. Renegaba de su buena puntería en momentos menos importantes y de cómo en los momentos de vida o muerte se atrevía a fallar tan catastróficamente.

A pesar de que todos voltearon simultáneamente a la azotea de la casona del que provenían los gritos y quejas infantiles ninguna persona se movió de su lugar, quizás esperaban que algo más pasara o que el muchacho callara.

Nadie pudo pre visualizar un segundo tiro realizado desde el mismo lugar de los quejidos. Salió disparado el segundo cuchillo con un modelo diferente de mango pero con el mismo chiflido ensordecedor del anterior.
Esta vez el arma blanca arrasó por completo la soga que sostenía del nudo hecho alrededor del cuello de la muchacha. La cortó y al instante la joven cayó súbitamente al suelo muy sorprendida.
La reacción de la gente fue de total asombro, unos gritaban ofendidos, otros se expresaban contentos. Sin embargo todos compartieron la inercia de agacharse previniendo un tercer ataque.



De un sombrío callejón salió un jinete cabalgando; el caballo traía puesta la armadura insignia de la realiza. El jinete tenía ávidas manos para tirar de los cabellos del corcel. Su rostro estaba cubierto por una prenda que rodeaba toda su cabeza, únicamente con unas pequeñas aberturas para su visibilidad.
Manipuló al animal hasta que llegó a los pies de la horca.

El jinete saltó a la base de madera y de unos pocos pasos alcanzó a la joven, la sujetó de sus prendas y tiró de ellas bruscamente. La chica trató de evitarlo pero la confusión del momento y sus manos atadas impidieron que usara todas sus fuerzas.
Fue tirada en el carro del que tiraba el animal.
El joven montó al caballo y procuró salir lo antes posible del centro de la plaza. Sus orbes verdosos trataron de encontrar la más pequeña de las aberturas entre el mar de gente que gemía molesta y lanzaban todo lo que pudieran a la joven recostada de mala gana en la base de la carreta.

Molly pataleaba hacia cualquier lado que pudiera. El muchacho se lanzó sobre la multitud la cual le fue abriendo paso al caballo para no salir heridos.
Aunque los dos ya se habían apartado varios metros del lugar todavía pudieron escuchar los gritos despavoridos de la reina exigiendo la cabeza de los tres; si, también ordenó la del caballo.

-¡Eres un idiota! -gritó la ladrona tratando de ponerse de pie, cosa que se le dificultó bastante sin el acceso completo a sus manos y la carreta brincando de un lado al otro bajando por la calle principal que conectaba La Gran Central con la villa de Laroiss. -No tienes ningún derecho de salvarme la vida!
-Eres una malagradecida -gimió Tedd McLorence quien efectivamente se encontraba debajo del improvisado disfraz. -Además esto no fue idea mía, por mí te hubieras muerto.
-Púdrete. -le dijo Molly al tiempo de divisar a otros dos jinetes de aspecto noble tratando alcanzar su transporte.

El primero de ellos corrió con su corcel hasta quedar unos centímetros de su objetivo. El caballero saltó a la carreta y se preparó para desenvainar su espada.
Molly ya le tenía lista una trampa; incluía una madera floja en el carro, era la catapulta humana perfecta para que de una pisada suya saliera despedido el cuerpo del agresor.
Sin embargo no pudo ser así. Neil preparado saltó del tejado de una casa que estaban pasando en ese instante los muchachos. Era parte del plan atrapar al joven carnicero en esa parte del recorrido.

Neil cayó furtivamente sorprendiendo a Molly y al soldado. El caballero lanzó su primer sablazo hacia el joven cuando antes pensaba primero en rebanar a la chica con la guardia baja. Molly molesta agarró a Neil violentamente con sus manos atadas y se giró con él para cambiar de lugar; aprovechó que la misma espada cortara el nudo en dos partes.
Con sus manos liberadas evitó con la izquierda un segundo ataque sujetándolo del brazo muy lejos del arma; con su mano desocupada paralizó al hombre golpeándolo en el pecho. Dicho movimiento le dio tiempo de propinarle una patada en el estómago antes de que recuperara el aliento.
Al menos el cuerpo del hombre terminó volando fuera del carro, pensó ella.

Se volvió furiosa hacia Niel:


-Tú... -pronunció con tantas palabras e insultos en sus labios que no pudo sacar a tiempo ninguna. Su frustración era evidente.
No hubo tiempo de nada pues el jinete restante sacó una ballesta y apuntó al caballo. Tedd dobló por un callejón lleno de ropa colgando. Molly y Neil perdieron el equilibrio y se cayeron sobre la crujiente madera uno encima del otro.
McLorence intentó de evadir toda la ropa, intento fallido por cierto, y salió a la calle principal de Laroiss que bajaba por el mercado hasta el desembarcadero.

-Creí que iríamos mejor de tiempo. -pronunció preocupado.
-Sigue corriendo, lo alcanzaremos... -dijo Niel de rodillas con la visibilidad en el resto de los botes.
-¡Están locos...! -ahogó la chica sus gritos al casi ser atravesada con una flecha que penetró el carro justo a un lado de su brazo.
-A la cuenta de tres saltaremos a aquel bote. -aunque Tedd lo dijo seguro el panorama no lo era. El bote que advirtió con su dedo ya se estaba alejando de la orilla del muelle.

La lluvia de flechas comenzó a aferrarse sobre el cielo contra ellos. Aun así no pudieron evitar que McLorence soltara al caballo y así dejar a la carreta andando sola; con el vuelo proporcional al cuerpo de los tres muchachos tomó tal velocidad que rebasó el alcance de los tiradores y al llegar a la orilla los jóvenes saltaron y lograron caer en el bote con algunos rasguños y músculos adoloridos.
Los chicos se levantaron y se miraron entre sí.

Neil apenas iba a empezar una complicada reflexión de su vida hasta este momento de decisiones liberales; lamentablemente los tres fueron atacados apenas y subieron al bote.
Fueron atados de sus brazos hasta sus manos, les rodearon sus bocas con telas sucias y desgastadas para que evitaran hablar. Unos cuantos del bote les arrimaron el filo de sus espadas a pocos dedos de sus cuellos y lograron someter a cada uno de los chicos.
Neil y Tedd denotaron miedo instantáneamente al recibir tal trato; Molly estaba más tranquila; su rostro cambió cuando el bote avanzó unos minutos y llegó a unas piedras en aguas más picadas. Detrás de ellas estaba lo que parecía el verdadero barco: su aspecto era aterrador, de madera oscura y desgastada, sus tres mástiles se elevaban a través de la neblina provocada por la explosión de las olas en las piedras que pinchaban el cielo.
La joven ladrona identificó la bandera del barco: clara, con dos espadas cruzadas de color rojas, sobre ellas habían dos hoyos negros que simulaban ojos; eran los bárbaros de Crehios. Lugar desagradable para todo aquel que apreciara su vida. Afortunadamente yo debería estar muerta, pensaba ella tratando de darse ánimos.

Recibieron la orden proveniente de abordo y los bárbaros cargaron a los chicos; uno cada uno. Al llegar a la base principal del barco donde estaban todos los marinos lanzaron los cuerpos de los tres como animales en el matadero.
Los bárbaros regresaron a sus labores. No tardó nada en llegar el capitán del barco. Ellos lo sabían porque a diferencia de todos los demás éste se le notaba el atuendo de capitán bárbaro; sus cabellos estaban desgreñados, largos y castaños, su barba no era mucha pero si de color oscura, traía una túnica color roja escarlata al igual que su tricornio que estaba partido de un lado, la túnica caía hasta poco más arriba de sus botas azul color fuerte.

-Bienvenidos a Le Ghiantre -produjo una voz ronca y robusta. -Mi hogar, su prisión.

sábado, 3 de marzo de 2012

Capítulo 7

Capítulo 7
Neil   Xyay


Neil. Cuando leas esto sabrás ya que soy tu padre.
Quiero que vengas; reúne pistas y encuéntrame. Que dentro de mi misterio está el tesoro que te heredo.

El tesoro de mil naciones es tuyo, si sabes dónde buscar.


El joven carnicero estaba acostado boca arriba sobre su cama. Eran altas horas de la madrugada y el muchacho seguía reflexionando lo ocurrido cuatro horas después del mensaje de su madre.
Tedd, su amigo, había vuelto hace unos momentos curioso por las noticias dadas por la señora. Apenas se enteró de todo dejó a Neil descansar a solas en su pieza. No pasó mucho tiempo cuando McLorence regresó más curioso que nunca a bombardear preguntas.
Antes de las preguntas al aire y el gran momento existencial su amigo le confesó a Neil que tenía todo su apoyo en lo que él necesitara, pero que en dado caso de que él quisiera viajar fuera de la villa ahí se acabaría dicho trato.

A pesar de todo lo que Tedd sospechaba sobe el mal humor de su amigo desde la tarde del día de ayer cuando salió del juzgado no se guardó sus propias palabras de desahogo y su impotente deseo de saber lo que le aconteció a Neil una noche en el calabozo del castillo de la reina Catherine de la Feersh; que por cierto, por decreto real era penado todo aquel que se atreviera a decir su nombre incompleto o con alguna especie de abreviación y/o apodo.
La reina misma había puesto dicha ley al seguir el linaje cuando su padre murió. Todos piensan, debió tener un trauma de niña para no sólo ser insoportable sino también sínica y prepotente con la gente. Su padre, el rey, no lo era ni lo hubiera permitido.

Después de recibir frases mal trechas de su amigo por obvias y secretas razones Tedd antes de hablar exhaló profundamente y soltó el aire. Inconforme continuó:

-Aunque no me quieras decir nada de todos modos debes tomar una decisión. -aunque sus palabras fueron respondidas por un limitante gesto de entendimiento eso no evitó que fuera evidente la preocupación de su amigo hacia lo que posiblemente era lo más extraordinario para un adolescente de 15 años. Que es ser el mismísimo hijo del ídolo de todos: Monihiant Xyay.
Eso antes hubiera significado toda la verdad que necesitaba. Sería no sólo la carne y sangre de su héroe, sino que también conocería la emoción de tener un papá. Alguien con quien jugar en los parques, a quien esperar en esos días de desánimos, un ejemplo palpable de su existencia concebida por el fruto del amor entre su mamá y su papá.

Pero pasó todo lo contrario.
Las emociones se reventaron en su interior como dos cornos furiosos en la plaza de Cembalia. La confusión de sus ojos y el latir de su corazón lo ensordecieron de las fieles palabras de su compañero apoyándolo en el momento que más lo necesitaba.
Y es que la inminente desaparición de Monihiant sólo hacía las cosas más complejas. Muy dentro de él sabía que todo este problema era para hacerlo complejo hasta cierto punto de hacer madurar algo, ignoraba si era el problema mismo o a él, pero ¿Por qué?, se preguntaba, ¿Por qué mi mamá me ocultaría algo tan importante como eso? ¿Por qué desapareció? ¿Por qué ahora?

Entre más pensaba las cosas más se llenaba la cabeza de dudas, con más preguntas sin respuestas y todo esto cada vez a mayor escala.

-Hay algo más allá. -se dijo a sí mismo en voz alta.
-¿Le has preguntado a tu mamá?
-Ella no me quiere decir nada. -produjo y bajó su mirada evadiendo la de su amigo. -Ella le sigue siendo fiel a ese puñado de porquería aunque él a ella no...
-Wo wo wo... -interrumpió McLorence con una mueca en sus labios, vacilante continuó. -Creía que Monihiant Xyay era tu ídolo, tu adoración. Hace menos de 48 horas lo alababas como la mejor persona del mundo ¿Qué lo hace diferente ahora?
-Sigo confundido y tú no me ayudas en nada...
-¡Te doy mi apoyo malagradecido! -gritó.
-¡Eso hubiera querido ver en el castillo!

Un silencio incómodo inundó la pieza. Cuando ambos se dieron cuenta ya estaban paralizados con los puños cerrados y mirándose el uno al otro como pocas veces en su vida como amigos lo habían hecho. La intensidad de sus ojos se apagó cual fuego se extingue con el agua.
Neil le dio la espada y caminó unos pasos hacia el guardarropa el cual comenzó a vaciar sacando prendas que usaba desde hace años. Una por una las fue apilando sobre una mochila. Las únicas palabras que artículo en ese momento de explosión fueron que no descansaría hasta saber la verdad de todo esto; denotaba tristeza en sus ojos, casi a tal punto de quererse bañar en lágrimas.

-Neil, ¿Qué sucedió?- preguntó Tedd a su amigo con mayor tranquilidad que hace unos segundos.
-La ahorcarán... -suspiró. -A Molly la van a ahorcar hoy al mediodía.
-¿Quién es Molly? -preguntó Tedd sin darle importancia.
-La chica que nos acompañó en el castillo de la reina Catherine de la Feersh.
-Mejor para nosotros...
-¡No te atrevas a decir eso! -gritó. -Por mi culpa una persona morirá. No me creo lo suficientemente fuerte como para vivir con algo como eso en mi conciencia.

Neil no limitó sus palabras sólo en sus sentimientos de culpa. A partir de ahí comenzó a contarle a Tedd McLorence su intención de presentarse para detener la ejecución de Molly ante todo el jurado y plebeyo de la villa. Tedd trató de impedir tal tontería advirtiéndole que iba a ser perseguido por la misma realeza fuera a donde fuera y que terminaría tarde o temprano en el lugar de la ladrona, que él pensaba que por sus crímenes bien se merecía tal final.
La razón le fue inútil trasmitirla a Neil Fernett, él ya estaba decidido a continuar con esto aconteciera lo que aconteciera.




No faltaba mucho para que amaneciera; el joven carnicero llevaba en su espalda su mochila repleta de ropa y bocadillos, una botella rellena de agua en un extremo de su cargamento, bolsa de dormir encima de la primera abertura y suficientes glins como para tomar el tren hasta su destino más transporte adicional.

-Llegaré a Shelsy en una semana y hallaré la forma de comunicarme contigo, después...
-No podrás llegar -interrumpió. -Las fronteras de Helin Fernen con las ciudades vecinas serán alertadas por la corte real de ti por la tontería que piensas hacer por una ladrona como ella. Antes de llegar ya tendrás tu cuerpo agujerado por las balas.
-No puedo dejar que Molly muera por mi culpa. -mencionó preocupado y con el cuerpo agitado. -Aunque me cueste creerlo Tedd, te necesito. Tú papá es soldado de la corte, él me puede ayudar a salir de Laroiss.
Además necesitaré alguna especie de arma para defensa personal.
-Estarás de broma... -pronunció su amigo furioso. -No me meterás en tus problemas sólo porque quieres hacerte el héroe. Por algo esa chica fue sentenciada a la horca, no tienes ningún derecho sobre la familia real de Laroiss para impedir eso.
No te protegeré...

La discusión dio giros tan inesperados que de un momento a otro Tedd ya estaba envuelto en los planes de su persuasivo amigo. Quizás sintió lástima por él y decidió ayudarlo bajo varias condiciones que poco le importaron a Neil: una de ellas fue la promesa sobre todas las cosas que su viaje con él concluiría hasta llegar a Shelsy, encuentre alguna pista o no Tedd regresaría a la villa de Laroiss sin más.
Tedd McLorence se despidió de su amigo. Anterior a esto planificaron una jugada muy arriesgada para salir de Laroiss sanos y salvos y así que pudieran llegar a Shelsy sin contratiempos. Con la promesa de que Tedd lo acompañaría con algo cubriéndole todo el rostro; la violación de su ética era suficiente para excitar sus emociones hasta la locura, pero seguramente lo que hacía que quebrantara sus reglas y ciegamente acompañara a su amigo fue su sed de aventuras.

-Sabes que no podrás regresar a esta villa a menos que sea al lado de Monihiant Xyay ¿verdad? -pronunció Tedd antes de marcharse a su casa y preparar todo.
-Así lo pienso hacer. -aseguró Neil no sólo con sus palabras sino también con su mirada.




Neil Fernett pasó por la sala de su casa. Entró a la carnicería por la trastienda esperando ver mucha gente esta nueva mañana, pero estaba vacía, con sólo una mujer: María Fernett, su madre.
Esperaba muchas cosas de su madre antes de irse pero nada pasó, más que suspiros que ya empañaban el estante de cristal. Vaciló y tomó carne fría del congelador esperando que algo ocurriera, pero nada. Cerró el congelador.

-¿Sabías que esto pasaría? -preguntó el joven sin mirarla.
-Si... -sollozó.

Neil continuó empacando comida fría y se fue directo a los quesos y jamones con un gesto inconforme en su rostro por las secas respuestas de su madre.

-Si él no hubiera desaparecido... ¿Me lo hubieras dicho?
-Debes entender, Neil, que todo pasó así por una razón. -dijo María y se puso de pie autoritaria frente al joven. -Cuando lo veas entenderás más cosas que por el momento no te puedo decir porque tampoco las entiendo.
-Sólo quiero saber si lo amas... -exclamó Neil con los ojos vidriosos. -Quiero saber si yo para ti soy Neil Fernett o Neil Xyay. No sólo quiero ir con él para conocer a mi padre, también quiero saber más sobre mí. Saber si él me quería...
-Él te amaba.
-Entonces ¿Por qué se fue? -gritó suplicando una última respuesta pero fue inútil, de la boca de su madre no fue articulada ninguna palabra, ni siquiera un suspiro, sólo quedó callada.

Neil enfadado pero no enojado tomó su mochila, la colgó sobre un hombro suyo y abrió la puerta de la carnicería. La campanilla sonó y Neil se despidió de María; ella lo despidió con un improvisado beso en su frente y le dijo tiernas palabras de alivio para que las tuviera como recuerdos en su viaje, con la promesa de que cuando volviera continuaría su entrenamiento como carnicero.
Neil la abrazó repentinamente y derramó unas cuantas lágrimas al decirle que la amaba. María no lloró pero lo abrazó muy fuerte; más fuerte de lo que él recordaba.

-Nos veremos mamá.
-Nos veremos Neil Xyay.

Al salir de la carnicería del Abastor el muchacho escuchó desde lo lejos en La Gran Central a la gente gritar y aplaudir por el juicio de una ladrona.