lunes, 22 de agosto de 2011

Capítulo 2

Capítulo 2
La   Gran   Central


Las estrellas se pusieron. Todos los faros de luz se prendieron en la villa de Laroiss. La noche le caía tan bien.
Los establecimientos volvieron a prender sus luces; la gente, elegante, salió de las tiendas y casas, dejaron atrás sus aparatajes vidas y se lanzaron a la noche. Laroiss estaba llena de misterios en sus casinos, el bule; con sus bellas muchachas vestidas en plata por toda la calle.

De la tienda de Barry también salieron los dos jóvenes. Neil estaba arto de haber permanecido más de cinco horas allí dentro en la tienda. El olor de las antigüedades era muy fuerte para su joven olfato; sólo alguien como Barry Jr. era capaz de aguantar tales aromas a madera vieja, polvo que se engaña en la ropa, que por cierto, la volvía muy vieja y acabada.
Neil se limpió sus ropas. Tras él Tedd hizo lo mismo y luego le dio golpes suaves en su hombro.

-Bonita noche.
-Como la de todas las noches –exhaló Neil desanimado.
-Lo sé. –dijo Tedd, segundos después puso su rostro de conquistador: rostro que Neil sabía muy bien que traería problemas futuros a cortos o largos plazos. –Te dije que tenía una sorpresa para hoy.
-¿En serio no podemos sólo volver a nuestras casas? –decía Neil mientras observaba a su amigo vivaracho sacar una hoja de su bolsillo
-Aquí esta –dijo Tedd ignorando las palabras de Neil. Ambos se comenzaron a ir para una dirección diferente a la de sus casas. Neil siguió quejándose solo a la par que seguía a Tedd.
-En serio, a veces extraño ver a mi mamá de noche Tedd. –ambos caminaron hasta tres calles subiendo por la ciudad. -¿Qué será esta vez? ¿El cierre del museo? ¿Incendiar algún edificio? ¿Un picnic en la montaña rusa del parque? –siguió quejándose.
-Esta vez no planeo algo demasiado extremo amigo… sólo veremos a un par de pollitas en la gran central.
-¿Pollitas?
-¡Mujeres Neil! –le gritó desesperado. –De verdad ya te faltaba salir. ¿Alguna vez has visto alguna mujer que no sea tu mamá?
-¿Tú mamá cuenta? –dijo Neil con tono burlón.
-Já… Já…–rió sarcásticamente. –Muy gracioso.

La conversación de los muchachos aguantó hasta que, de la villa pequeña con casitas de barro y puestos tirados en la calle; establecimientos de pan y pescado, vinos y licores, frutas y verduras. La villa de Laroiss se fue convirtiendo poco a poco en La Gran Central.

La Gran Central era nada más ni nada menos que la parte de la ciudad que le pertenecía a la familia real. Y todos los habitantes de esta zona céntrica eran potencialmente ricos; variaban desde los típicos lugareños que se ganaban la lotería y compraban terrenos en esa parte de la ciudad; hasta los que venían de otros lugares y querían pasar sus vacaciones en la villa de Laroiss y de allí a La Gran Central.
Las miradas eran opacadas por el brillo de sus casonas; los boulevards, los restaurantes enormes con promocionales encima de sus tejados, las luces parpadeantes de las esquinas, los semáforos que daban el paso a los vehículos. Todo brillaba mucho más reluciente. Por obvias razones la vista de Neil no perdió placer con el pasar de las calles. Para su querido amigo McLorence todo esto ya era bastante conocido, prefirió guardar sus ansias y continuar caminando hasta la gran fuente; en la céntrica plaza de armas.

Llegaron y se recargaron en la fuente. Neil estaba intranquilo.

-No deberíamos estar aquí, nuestros atuendos saltan mucho con todo este lugar.
-No te preocupes, siempre y cuando traigas algo de glins todo está bien. –le dijo y le mostró una cartera vieja llena de glins brillantes en plata y oro. –Además no hacemos nada malo, las pollitas son de aquí; de La Gran Central. Tampoco es como si nos estuviéramos acercando al castillo.

Tedd soltó una risita y a lo lejos divisó y reconoció a dos chicas acercándose a los jóvenes.
A diferencia de los muchachos polvorientos y sudados de tanto caminar, las chicas estaban relucientes. Sus vestidos les hacían justicia que eran pertenecientes de ésta parte de la ciudad; sus sonrisas se soltaron a pequeñas risitas mudas que destaparon el poco interés que tenían en los muchachos, y su mucho interés de lograr algo ésta fría noche. El sonido de sus tacones llegó hasta los oídos de los muchachos, ambos se miraron a los ojos y se produjo un inquietante silencio cuando las jóvenes llegaron y saludaron.

El silenció se vio interrumpido cuando Tedd comenzó a platicarles:

-Buena noche la que yace sobre nuestros cabellos, que aunque los nuestros, mal peinados, nos llenan de alegrías y emociones el tan sólo pensar en pasar una bella velada con ustedes…

El silenció penetró más profundamente que la vez pasada en el rostro de los cuatro. Una de las chicas frunció una ceja y miró al pobretón que tenía enfrente.

-Está bien… ¿A dónde iremos? –preguntó tratando de hacer oídos sordos a las anteriores palabras del muchacho. Que aunque no faltantes de romanticismo ella no era lo suficientemente culta como para entender el significado profundo de su acompañante.
-Tengo hambre –rugió Neil con poco interés en las chicas.
-Yo también –replicó la otra muchacha que estaba pocos centímetros detrás de la primera que habló.

A partir de esas palabras los cuatro se fueron de la fuente y dieron paso a un restaurante de lo más elegante. La bella construcción de los muros era un estilo que se asemejaba mucho a las enormes casas del norte: estructuras sólidas de roca negra. La piedra del norte era conocida como “Roca caliente” provenientes de sus volcanes, lograban monumentos elegantes y con cierto interés turístico.
En éste caso el restaurante tenía la gran estructura de roca, pero con acabados sobre tejas de rojo escarlata.

La observación de Tedd a ella fue que tenía un estilo parecido a los grandes imperios de las ciudades volcánicas de Wenlef; las jóvenes quedaron impresionadas por el vasto conocimiento que desprendía McLorence con cada cuadro que pasaban por los pasillos que conducían al restaurante. Poco a poco su recorrido de la puerta hasta terminar los cuatro sentados en la mesa fue cambiando los rostros fácilmente enamorados de las chicas hacia Tedd.

El menú no tardó en llegar, mismo tiempo que no tardaron tampoco las expresiones de Neil hacia el precio de la comida; Tedd por otro lado estaba bastante tranquilo. Neil pensó que si había visto lo mismo que él y permanecía así, entonces su mejor amigo era un maestro del engaño.
Las chicas tomaron su orden y pidieron ambas lo mismo; como si de gemelas se tratara, o quizás ambas se comparten el cerebro: un té de manzanilla con una capa de miel almohadada en azúcar de los montes Kilers; como sopa pidieron la del día, la especialidad de las rutas volcánicas, de el ya mencionado por Tedd, pueblos de Wenlef; y como plato fuerte pidieron un corte fino de carne de Jolhmi.
El mesero no hizo ninguna expresión, anotó cada una de las exigencias de las señoritas y se volteo hacia los jóvenes. Tedd sonreía despreocupado, miró al menú y pidió una ensalada con frutas exóticas de los valles de Laroiss, muy cerca de estas regiones; como platillo fuerte se sentenció pidiendo un corte fino de Jolhmi, igual que las chicas pero con una salsa especial de la casa, algo picosa pero con un toque dulce; para tomar pidió una soda burbujeante de menta. Terminó, cerró el menú y se lo entregó al mesero, que con la misma expresión miró a Neil, quien se limitó a pedir agua.
El mesero tomó el último menú, una de las chicas pidió que dejara un menú para ver lo que querrían a la hora del postre. El mesero pidió permiso y se fue elegantemente hacia otras mesas.

-¿Seguro que no quieres algo de comer? –preguntó no muy preocupada una de las chicas mientras se retocaba su maquillaje.
-Seguro –dijo Neil entre dientes y no pudo evitar lanzarle una mirada a Tedd de desesperación.
Tedd respondió su mirada con una sonrisa tierna. Se volteó de nuevo a la conversación con las chicas y por unos segundos esa sonrisa, que aunque sabía que era hipócrita, lo mantuvo un poco aliviado.

Antes de traer la comida las chicas pidieron ir al baño, como de costumbre, juntas. Tedd se despedía de ellas con sus ojos perdidos en ambas y su rostro enamorado, su mano la agitaba de arriba abajo gritándoles que no se tardaran demasiado.
La puerta del baño no había cerrado todavía cuando Neil pierde los estribos y comenzó a gritarle a su acompañante, no antes sin darse cuenta que sus gritos no los alcanzaran a oír nadie más:

-¡¿Pero qué demonios te pasa?!
-No creí que ellas nos llevarían a un lugar tan caro… -explicó Tedd.
-¿De dónde las sacaste? –preguntó indignado.

Tedd comió un pedazo de pan que trajeron los meseros como entremés.

-Una tarde me paseaba por aquí, y las vi. Me gustaron….
-Y qué vamos a hacer –interrumpió el joven con enojo. Entre sus manos arrugaba una servilleta de las que se ponen en las piernas. –Dijiste que tenías algunos glins… -se desanimó.
-Sí, pero no pensé que…
-¡¿Qué vamos a hacer?! –volvió a interrumpir desesperado y mordiendo la servilleta.
-Mira, ahí vienen, tú déjamelo todo a mí.

Las chicas llegaron y se sentaron. Al instante la comida fue servida; los platillos, sopas y las bebidas. Tres cuartos de la mesa estaban repletos mientras que uno sólo se divisaba por un vaso de agua natural.
Una mirada matadora de Neil le fue suficiente a Tedd para tomar cartas sobre el asunto.

-¿Está rica la comida? –preguntó Tedd vacilante.
A Neil se le escapó otra mirada ya casi con el tic de su ojo desbordándose.

-Bueno, bueno chicas… me lastima éste sentimiento que me provoca ir directo al meollo del asunto. –las chicas pararon de comer y lo vieron con incógnita. –La verdad es que no tenemos suficientes glins para pagar lo que hemos pedido, apenas y podremos pagar el agua de Neil… -agitó su mano y por accidente tira el vaso de agua al suelo, se derrama sobre la roca caliente. Neil continuó con su tic nervioso y su mirada furiosa esperando a que Tedd terminara de hablar. –Lo siento amigo, en fin… el problema es que no tenemos dinero. ¿Qué pasará?

Las jóvenes tragaron su comida al mismo tiempo y los miraron por unos segundos; acto seguido se miraron a los ojos y comenzaron a charlar en susurros como si de un secreto se tratara. Neil y Tedd cruzaron miradas preocupados; eso no detenía a Tedd de comer su asado placenteramente.

-Muy bien, les pagaremos sin problema la comida…
-¡Oh! Muchas gracias –dijeron ambos muchachos.
-Pero…
-¿Pero?...
-Tendrán que hacernos un favor…. Especial –dijo con ojos picaros la otra chica sobre los orbes verdosos de Tedd.
-Já, nosotros somos expertos en hacer favores… -pausó Tedd con picardía, con su lengua remoja sus labios y continua. –Especiales.

Las chicas se vieron con una sonrisa de dientes.




-¡¿El castillo de Catherine?! –gritó Tedd frente a una enorme construcción de piedra medieval. Cada torre tenía su propio puente y escaleras inferiores. La entrada era delimitada por una reja de hierro, aunque era uno de los castillos más hermosos de la generación; de noche no podía evitar tener un lado lúgubre y endemoniado entre sus chorreantes muros llenos de lama.

-Si –replicó una de las chicas dando un paso al frente, quitó una roca de los muros laterales de la entrada y la hizo a un lado, mostró una posible entrada para los campos del castillo. –Para pagarnos el favor de la comida ustedes nos acompañarán al castillo de la reina Catherine y obtendremos al menos una prueba irrefutable de que estuvimos ahí.
-Nos gustan las emociones fuertes –replicó la otra chica y entró por el pasadizo.
-Todo esto me da tan mala espina. –dijo el joven carnicero asustado y temeroso de entrar al pasadizo.
-Ve el lado bueno amigo.
-¿Cuál?
-Comimos gratis –Tedd sonrió
-Cállate –dijo molesto y lo siguió.

viernes, 19 de agosto de 2011

Capítulo 1

Capítulo 1
La   villa   de   Laroiss


Era verdad que el televisor de la tienda de Barry ya había tardado mucho tiempo en repararse. Los jóvenes dejaban de ir a sentarse en la calle para alimentar sus mentes con las imágenes del aparato, casi al mismo tiempo Barry Jr. se quedaba sin clientes.
Él limpiaba su estante, donde había aparatos antiguos de todo tipo; variaban desde relojes de piso: alhajeros, calzado importado, lavadoras, candelabros, entre otras cosas. Pasaba el trapo y soplaba para secar el vidrio. El reflejo de un niño le robó la mirada y de inmediato volteo a la entrada la cual ya campaneaba con la puerta abierta; un segundo campaneo se hizo cuando la puerta se cerró.

El niño entró y caminó hasta Barry Jr. sin mirar ninguna de las reliquias expuestas en las paredes. Parecía que tenía una prisa tremenda en llegar y hacer contacto con el hombre. Éste dejo de limpiar su estante y se secó las manos con su pantalón negro de tela. El muchacho se sentó en el banco y de pequeños saltos se arrimó al hombre: sus avellanados ojos y su cabello de color castaño oscuro no podían engañar al hombre, se trataba de su cliente más recurrente: Neil Fernett.
El joven inquieto comenzó a renegar la falta del televisor en la tienda. Parecía como si el niño viniera todas las tardes para ver sus programas antes de cumplir los mandados. Al niño le costaba bastante mantenerse al nivel del mostrador para no perder visibilidad, puso sus manos sobre el vidrio, recibiendo una obvia y casi automática reprimenda de Barry Jr. sobre las políticas de la tienda, la ya clásica –no pongas las manos sobre el mostrador-.

-¿Crees que lo tendrás listo para las cuatro de esta tarde? –preguntó Neil con ansiedad.
 -No te voy a mentir niño –le dijo, se encorvó y le miró como a un amigo.- Me será muy difícil y tendría que ponerlo en “urgente” para que mis ayudantes lo atiendan lo antes posible. Normalmente tratándose de cualquiera cliente te diría que estará de tres a cuatro días…
-Pero… -interrumpió.

Barry Jr. sonrió.

-Descuida Neil, te lo tendré antes de las cuatro de la tarde.

El joven saltó de su asiento con júbilo y corrió por la tienda hasta la puerta de salida. Tras él se escuchaban las palabras de Barry Jr. despidiéndose y al mismo tiempo las tablas del suelo rechinando tras sus pies. Antes de salir Neil gritó al vendedor su pronto regreso, abrió la puerta y salió corriendo por las calles de Laroiss.

Era una villa de suelos pedregosos; casas lindas y pequeñas: amontonadas una tras otra y escondidas entre callejones a desniveles.
Neil corrió por el mercado; las tiendas de verduras y pescado ya cerraban. Los vendedores saludaban a Neil como un viejo conocido.
Uno de los vendedores rechonchos  le advirtió un lanzamiento y sobre su cabeza voló una manzana de lo más redonda y deliciosa. Neil la atrapó con una mano,  se giró por unos momentos para dar las gracias.
Por unos segundos corrió de espaldas; al darle la primera mordida a la manzana se devolvió al frente y siguió con pasos veloces hacia la carnicería de la esquina.

Al entrar se quitó los zapatos y continuo un paso lento pero firme por el establecimiento. Atravesó una sala; del perchero tomó un mandil y una gorra, al momento en que pasó la cocina se los fue poniendo, cruzó una última puerta y ya se encontraba recibiendo a unos clientes en la parte trasera del establecimiento.
Durante muchas horas atendió a los clientes que iban llegando a pedir cortes específicos de carne. No tardó mucho cuando su mamá también llegó a ayudarle, con sus pequeños regaños acerca de su puntualidad. Neil no ignoraba, pero pretendía acabar con las órdenes rápido para tener la tarde libre.

La carnicería del Abastor era el único lugar en el viejo Laroiss que surtía carne de todo tipo, desde los típicos cortes de Arketi, hasta la carne de Jolhmi que la consideraban la más fina en sus alrededores.
La tienda la abrió su madre hace muchos años junto con su primer y único marido, antes de que Neil naciera. Desde entonces su madre cuida el establecimiento junto a su hijo que lo crió para hacer los mejores cortes de carne de toda la villa. El niño creció y no le tomó el mal gusto a todo esto. Con lo cual él espera tomar riendas del negocio familiar e incrementar, algún día, las posibilidades de venta y exportación de la carnicería de Abastor, hogar de él y su madre.





El medio día cayó. La tienda era un desastre, Neil con su escoba trapeó todo el cochinero que habían dejado todos los clientes al obtener sus cortes y largarse con mucha prisa de la tienda.
Aunque Neil había vivido atareado toda su vida, él siempre encontraba reconfortarse con los detalles más diminutos, pero de mayor importancia para él. Aunque nunca haya conocido a su padre él es deseoso de servir a la unida y bonita comunidad de Laroiss; donde abundaban más los mercantiles que los niños, mucho más el pan y el vino que la gente rica y prepotente.

Sonó la campanada de la entrada; Neil miró tras el mostrador y vio caminar hacia él a su mejor amigo de toda la vida: Tedd McLorence; 15 años, la misma edad que Neil, sus facciones eran más maduras que las del joven carnicero, pero en sus ojos verdes tiene la misma mirada de emoción.

-¡Bonito mandil! –le gritó Tedd desde la entrada en tono de burla
-¡Calla! –Le gritó sin dejar de barrer -, llegaste más temprano de lo que te esperaba.
-¿Hablaste con Barry Jr? –le preguntó su amigo y se sentó en el mostrador.
-No puedes sentarte en el…
-Sí, sí, si… en el mostrador… -interrumpió Tedd -, como si no supieras que esto es parte de los gajes del oficio. La ley típica de los mostradores.

Neil lo ignoró.

-Sí. –Le responde –Hablé con él, dijo que lo tendría antes de las cuatro.
-Entonces dentro de poco. –pronunció Tedd y miró a Neil trabajando con la mirada baja. –Si realmente quieres que me baje del mostrador…
-Si, por favor.
-Está bien –Tedd dio un salto fuera del alcance del mostrador. Con una mano tomó una escoba y ayudó a su amigo a barrer todo el local. –Te tengo una sorpresa cuando se acabe el programa. –Hizo un preámbulo. –Estoy seguro que sabrás apreciarla de mi parte.
-Si es de tu parte seguro tendrá que ver con meternos en problemas –replicó el carnicero de mala gana.
-Pero no te enojes tanto, que bueno que somos amigos –ironizó, soltó una risa y dejó la escoba por un lado al ver que el local ya se encontraba bastante limpio. Dio un silbido y se secó el sudor de su frente, se volvió a Neil después de un rato –últimamente te veo más frustrado que de costumbre, ya casi ni te veo hacer bromas como antes.

Neil tomó sin mucho entusiasmo las dos escobas que habían usado y las guardó en un pequeño cuartito en la cocina. Luego con un movimiento de su mano invitó a Tedd a pasar a su casa.
Ambos caminaron hasta la sala.

-Lo siento Tedd, bueno la verdad no tanto –rió. –Sabes que yo soy así, a veces así… eso no significa que no aprecie las cosas que haces.
-¿Te preocupa algo?
-Si –dijo Neil sacando su abrigo. –El perderme éste episodio de Vidas al aire.

Tedd compartió una sonrisa y acto seguido corre tras Neil. Ambos abandonaron la casa y corrieron a todo lo que sus cortas piernas daban hasta llegar a la tienda de Barry.
Las tiendas ya estaban cerradas, todos los mercantes ya habían saqueado sus mercancías para al día de mañana volver a montar. La orden real les permitía vender bajo un estricto permiso de propiedad; cada esquina y cada local estaban bajo un registro permanente dictado por la familia real en lo más alto de toda la villa de Laroiss.

La tienda de Barry ya también estaba cerrada. Neil y Tedd llegaron, tocaron la puerta en código morse y Barry Jr. los dejó pasar mirando a ambos lados de la calle antes de cerrar la puerta muy lentamente.
Neil y Tedd fueron directo a la trastienda, momentos después entró Barry Jr. y cerró con unas persianas, dejando todo a oscuras; pero no por mucho tiempo, pues prendió una lámpara vieja y ante todos estaba el televisor en mejor estado que esa misma mañana.

-Lo reparaste –pronunció Neil, fue chitado por Barry Jr. al instante.
-Sabes que la reina no nos permite a nosotros vender después del canto de Feeing…
-Pero todavía no suena… -interrumpió Tedd al mismo tiempo que él fue interrumpido por el canto de Feeing.
Las trompetas del palacio real de Laroiss resonaron por toda la villa; no era ninguna novedad ya que todas las tardes entre semana sonaban con todas sus fuerzas como ultimátum para las calles. Cualquier persona que se viera rondando por las calles sería llevado hasta la corte real y sentenciado. Durante cinco horas ninguno podía salir ni vender nada, ni dejar que nadie entre a cualquier establecimiento. Por esta misma acción el verdadero ánimo de Laroiss está en sus mañanas y noches.
El canto como de mil pájaros dejó de sonar y prendieron la tele con el menor ruido posible.

-¿Por qué tanta prisa de ver Vidas al aire? –preguntó Barry Jr. sentándose en el suelo y mirando la televisión.
-Hablarán del “héroe” de Neil –pronunció sin mucho entusiasmo Tedd y se sentó al lado de Barry Jr.
-Nada más ni nada que Monihiant Xyay… -se calló y los tres pusieron mucha atención a la televisión.

Una voz femenina comenzó a decir:

Monihiant Xyay. Hombre del año, el rostro que nadie conoce pero que a todos nos inspira, apasiona. Hoy abre ya su fundación número 16 para ayudar a combatir la pobreza en el mundo. ¿Qué sabemos de él?

Es actualmente soltero.
¿Codiciado? Cómo no…. Si aparte de ser el hombre más rico del mundo no hay ninguna conversación casual en la que su nombre no se diga. Aparte de ser un fiel partidario de la política, gasta su dinero dentro de sus mismas fundaciones para no sólo crear lo que nosotros vemos como rocas en formas de pilares, sino que también actualice todas las instalaciones con la última tecnología. Actualmente el número de personas ayudadas y hospedadas en estos, ahora 16 centros, son de alrededor de 700.000.00 personas. De todas partes del mundo…

La voz continuó durante 15 minutos más a informar acerca de las nuevas políticas dentro de los establecimientos. Y de todos los planes futuros que el señor Xyay tenía contemplados.
Los ojos de Neil se iluminaron casi tanto como las ganas de Tedd de largarse de ese lugar; a él nunca le agradó Monihiant Xyay. Creía que era un hombre con demasiado poder, y él tenía ciertas inquietudes por ver como una sola persona podría usar tanto poder sobre un solo mundo.

-Estuvo genial –susurró Barry Jr.
-¡Verdad que si! –gritó el joven carnicero con emoción, al instante fue silenciado con un chito por su amigo.
-Yo creo que Monihiant Xyay es una farsa –articuló Tedd.
-¿Cómo puedes decir eso sabiendo todo lo que está haciendo? –mencionó atacante Neil.
-No lo sé, hay algo… ni siquiera lo conoce alguien. Todos hablan de él pero nadie lo ha visto –calló por un momento para sentarse en un banco en la trastienda -, digo, alguien tan importante como él debería aparecer en portadas de revistas, periódicos, películas, etc.
-Yo no sé mucho del tema –se incorporó Barry Jr. a la conversación –Pero cualquier persona que esté gastando su fortuna en las personas que lo necesitan y que todo eso esté abierto al público general, me hace darle mi visto bueno. Quizás nadie lo conozca, pero es como Dios… no faltan cosas en el mundo para creer.

Apagaron el televisor y esperaron sentados hasta que la noche cayó.

Prólogo.

Prólogo
¿Quién   es   Monihiant   Xyay?

Seguramente ya te has hecho la misma pregunta.
¿Quién es Monihiant Xyay?: es seguramente la pregunta más recurrida desde aquella -¿Por qué vinimos al mundo?-. Aunque las personas no te dejan de preguntar no hay respuestas qué darles.
Se sabe, en extremo, muy poco de Monihiant Xyay…. ¿Qué se sabe?:

1: Es una persona.
2: Está vivo…
3: Es alguien importante

Dejaré un espacio para que ustedes pongan su propia lista:

















¿Quién es Monihiant Xyay?
Quizás alguien que no quiere ser molestado. Un famoso por accidente; alguien a quien le han regalado una vida fácil o llena de problemas. Dueño de muchas empresas, típicas, verdaderamente, de esas que sabes que están ahí, a la vuelta de tu casa, pero no sabes qué clase de ojos y manos las dirigen.
¿Algún amigo? No que yo sepa. El misterio influye inclusive hasta familiares, pues no se ha sabido de ningún familiar que esté conectado directamente con Monihiant Xyay. El apellido no es repetido; supongo que las personas le han de guardar cierto respeto al misterio.
Todos saben donde vive, todos saben dónde encontrarlo, pero nadie lo ha visto. En los medios lo tratamos como una leyenda urbana, una bocanada de aire que se lanza en las conversaciones. Otras personas lo tratan como un héroe anónimo; los que dicen haber vivido en los tiempos de Monihiant Xyay indican que nunca le pusieron suficiente atención; hasta que se comenzó a volver rico y famoso la gente lo miró, pero ya era muy tarde. Nadie lo recuerda físicamente.

¿Quién es Monihiant Xyay?
Un ángel que protege a los inocentes. Sus fundaciones ganan millones, cierto, pero a costa de dar hogar a las personas sin hogar; alimentar a los hambrientos, ayudar a los que lo necesitan. ¿La vida de Monihiant fue tan trágica que decidió dedicar toda su vida y fortuna a los demás? Tuvo que serlo, no conozco a alguien que tenga todo ese dinero y no lo invierta en algún capricho suyo.
O quizás no. Quizás Monihiant no es la excepción de esos ricachones que se compran autos lujosos y salen con supermodelos. Sólo que no se deja ver; ¿Creerá que lo vamos a acosar?
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La verdad es que si… No les voy a mentir. He pasado tres años de mi vida siguiendo la historia de Monihiant Xyay; no sé si hay otros como yo que han hecho lo mismo. Sí los hay, están bien escondidos.

En resumen.
¿Qué sé de Monihiant Xyay?... lo mismo que nada. Me vi frustrado a dejar toda mi carrera por no saber quién es él.

Para dejar claro algo. Éste prólogo no tiene nada que ver con la historia que a continuación van a leer. No soy yo quien la narra, ni tampoco soy testigo de todos esos acontecimientos. Quise escribir éste prólogo para dejar en claro que, la pregunta y el misterio ahí siguen.

¿Quién es Monihiant Xyay?.................................. No lo sé.










T h e     J o u r n e y     T o     M o n i h i a n t     X y a y.

jueves, 4 de agosto de 2011

Nueva info y trailer.


Trailer de The journey to Monihiant Xyay


Mejor calidad del video: http://vimeo.com/27300395

En si, ha pasado ya tiempo y he comenzado este proyecto que plantea una historia fantástica en un mundo ficticio por supuesto. Monihiant Xyay es sólo el pilar de muchas otras cosas que encierra esta aventura, de la cual pondré el prólogo, junto con el capítulo 1 el día 19 de agosto del 2011.
Hasta ahora esta primera parte de la historia constará con un prólogo, 24 episodios y un epílogo.

The journey to Monihiant Xyay:
El misterio de Monihiant Xyay apenas comienza.