miércoles, 24 de agosto de 2011

Capítulo 4

Capítulo 4
Molly   la   Ladrona


Con cada nuevo respiro Neil y Molly se llenaban de más guardias; tanto en el puente hacia la torre sur, como también en los pasillos de las mazmorras.
Ya había pasado un buen rato cuando las hélices del helicóptero habían dejado de sonar. Se encontraba lo suficientemente lejos como para olvidar el plan A; aunque Molly era una chica joven aún ya tenía bastante experiencia en esta clase de situaciones.
Por diferentes azares de la vida ésta no era la primera vez que se metía en problemas que la obligaban a desenvainar su espada y estar rodeada por un centenar de hombres armados con la intención de capturarla.

-¿Podrás con ellos Molly? –pronunció bajo Neil aún tirado en el suelo por el golpe que le había propinado de corazón la ladrona.
-Que sepas mi nombre no te da el derecho de decirme así, aún te odio…

Su voz fue cortada por el movimiento de su hoja metálica chocando contra una de las espadas largas de un soldado. De una patada Molly logró alejarlo lo suficiente como para contraatacar con su propia arma, la cual chocó violentamente contra el escudo del guardia provocando un estruendoso sonido agudo.
Molly dio un giro y volvió a golpear su espada contra la guardia real sin grandes resultados. Todos estaban escudados en sus armaduras que eran cual murallas; era una característica muy específica de la familia real de La Gran Central: al igual que sus muros, sus guardias eran impenetrables.

-¿No traes alguna especie de arma o algo? –le preguntó al muchacho tirado sin mirarle la cara.
-Sólo soy un carnicero… todo lo que podría llevar en mis bolsillos son cuchillos y afiladores. Pero no, no llevo nada.
-Válgame, de todas las personas con las que pude haber quedado enrollada en una situación así, tuvo que ser con un niño que no trae ni una navaja para defenderse… eres patético.

Un soldado de aspecto pesado se echó al ataque contra Molly propinándole un par de movimientos lentos pero, por la expresión de la chica, eran altamente fuertes; su gruesa espada chocó contra el metal de la chica y terminó rompiéndola en el último choque. La joven se echó hacia atrás y ésta fue embestida por el escudo del soldado.
Terminó en el suelo, herida e inconsciente.

El muchacho logró lanzar un grito que se ahogó al ser golpeada su nuca. La visibilidad de Neil fue perdiendo la luz; sus ojos de pronto se cansaron y se fueron cerrando muy lentamente. Su cuerpo cayó en el suelo y dio un suspiro, que aunque él no escuchó, dio alerta a los soldados que él ya no se encontraba en sí.
Cerró los ojos y se perdió en la oscuridad.





Neil fue el primero en abrir sus avellanados orbes.
Su cuerpo se sentía húmedo como la roca sobre la que estaba acostado. Parecía escuchar agua siendo derramada; las paredes chorreaban un montón. De primera instancia divisó una cama, encima había alguien, alguien que no reconoció hasta después de unos segundos de haber tenido los ojos abiertos. Era Molly la que estaba acostada, aún inconsciente.
Neil trataba de levantarse pero sus temblorosas manos no le daban tregua a la hora de resistir el peso de su cuerpo; decidió cerrar los ojos. Volvió a contener el sueño.





Ésta vez fue despertado por Molly.
Ella con sus manos movía el cuerpo del muchacho, él sentía como si lo retuvieran mil elefantes contra el suelo. Apenas y tuvo fuerzas para abrir los ojos nuevamente. Su respiración se tranquilizó y pudo mirar a la joven que lo empujaba con su pie descalzo, estaba sentada justo a su lado con la mirada perdida.
Al mirarla pudo apreciar más el lugar donde se encontraban. Era fácilmente reconocible como un calabozo; estaban en una celda para prisioneros y los que esperaban ser enjuiciados junto con un montón de bandidos. Aún en los tiempos actuales a la reina Catherine le seguían atrayendo éste tipo de cosas; desde las torturas más arcaicas, hasta las celdas más tradicionales de la edad antigua.
El insoportable dolor de cabeza del joven carnicero no lo dejaba ponerse de pie de un salto como lo hubiera hecho en otras condiciones. En su defecto, se fue levantando poco a poco conforme su cuerpo se iba recuperando y sus brazos impulsaban su pobre ser hasta que se pudo sentar.

-¿Dónde estamos? –preguntó débil y adolorido.
-En un calabozo. –le respondió Molly desanimada. –Nos atraparon –Explicó. -… cuando desperté ya estaba aquí. Me encontraba muy débil y me subí a la cama a descansar un rato más. Tal parece que nos echaron como animales a un corral.

Neil divisó la entrada. No eran barrotes como él estaba acostumbrado a ver en las películas o en las series de televisión. Era una puerta con sólo un espacio donde podían asomar sus rostros para ver el pasillo y algunas otras celdas. A sus espaldas tenían una ventana donde podían recibir un poco de luz; tal parecía que era de día pues la luz del sol entraba apenas y rozando sus cuerpos.
El joven se levantó, sujetó su cabeza con una mano y la comenzó a apretar pensando que así el dolor desaparecería. En efecto, le sirvió lo suficiente como para ponerse en marcha y, al menos, poder terminar apoyado en un muro que chorreaba agua de dudosa procedencia.

-Hace unos momentos me dijiste que eras carnicero…
-Aprendiz de carnicero –le interrumpió y calló cerrando fuerte los ojos por el dolor de cabeza.
-¿Qué hacía alguien como tú en La Gran Central? Nuestro plan era agarrar a cualquiera que cayera en nuestras manos, pero no nos esperábamos a un mercante de Laroiss.
-Aunque te parezca patético, es un trabajo más honesto que robarle a otros. –ironizó.
-Todos tenemos nuestras razones… -dijo Molly, apartó la vista del muchacho. –Una no espera vivir toda su vida robando, esperas que llegue la oportunidad para abandonarlo todo, terminas robando primero para no morir de hambre… y luego para alguien más.
-¿Por qué ser ladrona?
-¿Por qué ser carnicero?

Hubo por un momento un silencio, que aunque no incómodo, era bastante aplastante para cualquiera de los dos jóvenes. Por sus mentes recorrieron su vida entera por unos instantes.

-Desde que tengo memoria he vivido en Laroiss con mi mamá… -explicó Neil y se fue sentando lentamente mientras lo narraba. –Ella es la dueña de la Carnicería del Abastor. Al principio me resultaba repugnante, ya sabes, tomar a cualquier animal y desollarlo con tus propias manos. A medida en que fui creciendo me interesó bastante el negocio familiar, creo que es lo más normal para un niño, seguir el ejemplo de sus padres.
Así fui convirtiéndome en el barredor, luego en el mercante andante, luego en el chico de los panfletos y ahora mi mamá me ha dado la oportunidad de finalmente convertirme en aprendiz de carnicero. Eso significa más que nada, atender a los clientes, hacer los cortes y entregárselos. Todo con el cello de garantía de mi familia.
La idea de que saliéramos con tu grupo fue de mi estúpido amigo Tedd. Él se enamora muy fácilmente y le atrajeron tus amigas, y hasta cierto punto tú.
-¿Yo? –lanzó la interrogante muy sorprendida.
-Si –contestó y prosiguió –Pero no lo tomes personal. La verdad es que no eres mal parecida.
-¡Qué insolentes! –Se puso de pie y comenzó a gritarle enojada -¡Ninguno de los dos sabe algo de mí!

Neil se guardó sus comentarios.
Sólo vio como poco a poco su enojo iba bajando hasta que ella también se sentó al otro extremo de la cámara para ver al chico de frente a lo lejos.

-Sabes… -comenzó a decirle tranquilamente, parecía que estaba deprimida. –La primera idea que le llega a una huérfana es que debe vivir su vida para conocer a las personas que la abandonaron: me refiero claro a sus padres.
Así crecí yo. En el orfanato del pueblo Lavandria; a cuatro lunas de Laroiss. Allí conocí a mucha gente, pero por más que me esforzaba nunca logré simpatizar con nadie. Ni siquiera los adultos quisieron adoptarme, nunca… poco a poco fui perdiendo mi sonrisa, hasta que un día ya no estaba en mi rostro.

Neil la miraba detenidamente.

-Al cumplir los 18 años, ya nadie te retiene en esos lugares. –explicó. –Comúnmente todos se quedan, hacen tantos amigos que no pueden darse el lujo de perderlos a todos.
Yo por mi parte en mis 18 años allí nunca conocí nada parecido a la amistad. Todos me veían de forma diferente; nadie quería jugar conmigo, ni hacer ninguna especie de actividad, ni salir, ni adoptarme, ni nada. Viví con la esperanza de que cuando pudiera salir de éste lugar iría en busca de mis padres, y así fue.
-¿Y qué pasó? –preguntó Neil con un nudo en la garganta.
-Nada más que la verdad… -replicó Molly con lágrimas en los ojos. –Una huérfana espera que el corazón de sus padres la reconocerían. Lo que más espera es que cuando llegue el momento, su vida volverá a la normalidad y que todos serían felices para siempre.
Al viajar descubrí que mi madre trabajaba en un prostíbulo. Que hijas le sobran en diferentes orfanatos. Al descubrir eso ni siquiera me molesté en conversar con ella. Fue la decepción más gran de mi vida. Sabía que lo último que quisiera hacer es seguir los pasos de mi madre.
Y mi papá…no había cumplido yo ni cuatro años en el orfanato cuando lo registraron muerto en la bahía. Ahogado en sus borracheras y drogas; la clase de vida que hubiera vivido si hubiera estado con ellos me hace preguntarme si mi destino fue horrible o lo mejor que me ha pasado en la vida.

Silencio.
Se produjo por unos momentos sólo para que la joven se pudiera limpiar sus lágrimas y continuar su historia con toda seriedad.

-Viajé, sólo por un tiempo para encontrar algo nuevo qué hacer con mi vida. Para sobrevivir tuve que robar. La primera vez que robas a otros te sientes terrible, pero tienes que sobrevivir, tienes que seguir viviendo. No puedes dejarte caer porque otros te pisarán.
A los 19 años llegué a Bornia. Una ciudad capital donde lo único que abunda son los diferentes tipos de empresas. Allí, junto con mis compañeras, tomamos un golpe fuerte; nos decidimos y después de unos días logramos entrar a una de las empresas más poderosas del mundo. Su edificio sobresale por toda la ciudad, aunque no está tan alto una ciudad como Bornia con empresas apretadas y escondidas como si de flechas se escudaran.
-Pero según sé en Bornia el único edificio que sobresale de todos los demás es…
-Si –respondió Molly. –Es el edificio de Monihiant Xyay. Uno de los muchos que tiene en todo el mundo.
-¿Trataste de robarle a Monihiant Xyay? –preguntó Neil intempestivamente.
-Fue uno de mis tantos errores. –Explicó. –Jamás pude verlo. Allí me encontré a un hombre que estaba muy interesado en que mis amigas y yo formáramos parte de un grupo de ladronas. Era eso, o entregarnos a las autoridades a responder por nuestras acciones: robarle al hombre más poderoso de la tierra.
Su nombre es Morgan Alley. La cabeza a cargo del edificio OMCPDM número 6 en la ciudad de Bornia. Él se encarga de que todo en ese lugar esté en un estricto orden.

La mirada de Neil era una combinación de desesperación pero con un toque de interés al seguir escuchando esa parte.

-… Él fue quien nos encargó que viajáramos a Laroiss. Entráramos al castillo de Catherine y robáramos una de sus gemas. Gemas que espero mis chicas las hayan encontrado y se las hayan llevado.
Y aquí estoy, contigo, encerrada por tu culpa, a punto de ser enjuiciada y morir en la horca.
-Lo lamento… -exhaló Neil entristecido.
-Descuida, tarde o temprano iba a pasar… alguien como tú va a salir libre. Pero alguien como yo, sin pasado, sin presente, sin futuro; no espera nada.

El joven evitaba cruzar mirada con ella. Era mucha su pena como para verla a los ojos y descubrir como tranquila esperaba a la muerte.
Ella se levantó y se tronó todos los huesos de su espalda en un movimiento con el que arqueo toda su columna, se lanzó a la dura cama y miró al muchacho.

-¿Cuál es tu sueño? –le preguntó seriamente.
-¿Mi sueño?
-Sí. Al menos resígnate a contestarme, no sé qué otra oportunidad tendré para hablar con alguien.
-Mi sueño… -pensó Neil por unos segundos, luego miró a la chica. –Supongo que convertirme en carnicero, y llevar la franquicia de mi madre más allá de sólo Laroiss. Tocar otras fronteras y ver lugares diferentes mientras hago lo que más me gusta: destripar y desollar la carne antes de ponerla a calentar. –dijo entre risas. -¿Y cuál es tu sueño?
-¡Bah! –gruñó Molly y se acostó con la mirada hacia el techo. –Alguien como yo no tiene sueños. Primero era ser bailarina, luego fue tener un amigo en el mundo, luego fue conocer a mis padres, luego fue superarme a mí misma. Cuando tu vida está llena de decepciones te quedas con el único sueño al que puedes seguir aspirando.
-¿Cuál? –preguntó Neil interesado.
-Seguir viviendo… -le contestó Molly y le clavó la mirada a sus ojos. Los ojos de Neil no pudieron evadir esa mirada; significaba tantas cosas en un solo segundo. Cuando estaba a punto de decir algo, la chica intervino con sus palabras. –Me recuerdas a alguien. Bueno, la primera vez que te vi te pregunté quién eras porque por un segundo, creí que eras la misma persona. Aunque por tu edad y estatura el parecido no te duró ni un segundo.
-¿A quién te recordé?
-A papá…-dijo y calló.

martes, 23 de agosto de 2011

Capítulo 3

Capítulo 3
El   Castillo   de   Catherine


Los cuatro jóvenes pasaron de largo el jardín con arbustos de diversas formas. Aunque las formas no eran precisamente aterradoras, la luz de la luna caía fría sobre las piedras y hojas; provocando un reflejo espectral, sobre su suelo árido y sin emociones.
Una de las dos chicas fue la primera en tocar las paredes del castillo, buscaba una ventana abierta o algún otro pasaje que se les haya escapado en su anterior visita al castillo.

-Me recuerda a los terroríficos castillos en los programas de televisión… -susurró Neil con sus manos en los hombros de Tedd como para no perderlo de vista.
-¿No decías que eran castillos con una belleza única y que si tuvieras la oportunidad los visitarías?
-De día no estaría nada mal…

La chica del otro extremo los chitó y abrió al momento una ventana. Ella entró, a continuación su amiga, posteriormente McLorence y al final con intimido entró Neil forzado por el brazo grueso de Tedd. Cerró la ventana tras él y todos juntos caminaron a lo largo de un pasillo.
El pasillo se extendía hacia la oscuridad; sobre ellos se prolongaba una alfombra roja que cubría el suelo azulejado en roca reflejante. Los pasos no se alcanzaban a oír más allá de sus propios oídos; sólo a lo lejos el ruido de los centinelas del castillo que merodeaban por los pasillos en busca de intrusos, sus armaduras chocaban con cada extremidad de sus cuerpos. Tal parecía que las chicas conocían un camino seguro hasta la sala de eventos y dirigieron a los chicos hasta ahí.

-¡Woooo…! -exclamó Neil al ver el enorme salón con candelabros colgando. La copa del salón era tan alta que se creía que se trataba del subterráneo de la torre más alta. Pero no era más que la sala principal del castillo.
-Aquí nos podrían ver fácilmente aunque todo esté oscuro –susurra su amigo. Su voz calló súbitamente cuando vio pasar por las escaleras superiores del salón a una joven corriendo con joyas. Tras ella corrían al menos cinco guardias, se perdieron en otra habitación al pasar de largo el extremo del salón. –El castillo anda en movimiento, deberíamos irnos, no nos vayan a confundir con esa ladrona. –pronunció Tedd.

Una de las chicas corrió por toda la sala; llegó al punto de estar peligrosamente cerca de uno de los soldados. Tomó una copa de la mesa principal y se apartó con pasos torpes. La otra chica le hizo una señal de aprobación y se fueron por el pasillo principal evitando a los muchachos.
Tedd y Neil las miraron huir. Por alguna razón Tedd detuvo a Neil antes de que éste las siguiera; normalmente Tedd es muy vacilante en sus actos, pero esa vez tenía una expresión seria y analista.

-¿Qué ocurre? –preguntó al instante Neil.
-Fuimos engañados… -tomó por unos momentos del brazo a su amigo y lo fue arrastrando a un pasillo diferente al que se habían ido las chicas. Ambos caminaron con sigilo. -… Era el plan de las chicas. Que nosotros sirviéramos como carnada para que ellas pudieran robarle a la familia real tranquilamente.
-¿Qué hacemos?

Se prendieron de repente todas las luces del castillo; por unos segundos los jóvenes quedaron cegados por su luz. Cuando recuperaron la vista ya se encontraban corriendo a donde su instinto les diera a entender.

-Tenemos que salir deprisa de éste lugar. Antes de que piensen que nosotros somos los ladrones… -Tedd se interrumpió porque al doblar en una esquina se dio cuenta que el pasillo siguiente estaba lleno de guardias reales que aguardaban al más mínimo ruido. El joven detuvo a Neil y lo empujó tras él. -, nos van a estar buscando en toda La Gran Central. Tendremos que salir por el estrecho sur del castillo y continuar por el bosque para poder evadir toda la guardia y llegar a Laroiss, con un poco de suerte nos podremos encontrar con alguna de esas chicas y golpearla en la cara…
-Creí que te gustaban –ironizó Neil con una mueca en sus labios.
-Sabes, ahora que lo dices… la riqueza eterna no va bien con mi persona.

Tedd se dio media vuelta y a lo lejos del pasillo vio que del otro lado también se acercaban guardias; se vislumbraron sus sombras en los muros barrocos. Al muchacho le invadió una muy pronta desesperación.
Explicó a Neil que se guardaran en una de las piezas que tenían a sus lados, sin embargo su corto pensamiento lleno de adrenalina le hizo empujar a Neil a una habitación y Tedd a otra, advirtiéndole que al escuchar su señal saliera lo más rápido que pueda.

El carnicero cerró la puerta con cuidado. Esperó a que todos los pasos metálicos cesaran en el pasillo; las sombras de los guardias se reflejaban por debajo de la puerta. Sostuvo su respiración por unos momentos, luego, pasaron de largo, pero Neil no escuchó ninguna señal para aprobar que saliera de la pieza por parte de su amigo; aunque idiota era con las mujeres confiaba en sus instintos. Así que decidió aguardar y darse media vuelta para sentarse en el suelo, se recargó en la gran puerta de madera.
Después de un suspiro en el suelo su cuerpo reaccionó con impresión. Se levantó de un salto; frente a él estaba una chica desconocida mirándolo con recelo.
Las facciones de la chica lo tomaron por sorpresa, era una joven verdaderamente hermosa; cabello castaño claro, sus entrecerrados ojos color nuez. Su piel blanca le hacía más fácil de reconocer a Neil la figura completa de ella; por su estatura el muchacho tomó por sentado que era mayor que él.

-¿Quién eres tú? –preguntó alterado y aún recuperándose del susto.
-Eso no te importa niño, ahora, si no te moles… -la chica se interrumpió al mirar a su atacante más de cerca. Sus ojos se abrieron más, su boca procuraba mantenerla cerrada; dibujó en sus ojos una marca de enojo e impotencia. -¿Quién eres tú?- le preguntó entre dientes.
-Eso no te importa.
-Ya me lo parecía.

Neil se distrajo un poco de su susto y se antepuso frente a ella, la miró de frente.

-Por ti y tus amigas estamos atrapados mi amigo y yo en un gran lío.
-Para tu información también nosotras estamos atrapadas en un lío enorme.
-¿Para qué necesitarían robar si son ricas?
-¡¿Tú no sabes nada?! –dijo la chica aparentemente más enojada que antes. La joven apretó su puño y le lanzó un golpe en la cara a Neil, éste retrocedió y pegó sus manos en la zona herida. –Sólo no te metas con nosotras. Les conviene, a diferencia de la reina nosotras no dudaríamos en hacerlos pedazos.

La joven se dio media vuelta y terminó de abrochar unas cuantas sábanas para que le sirvieran de cuerda y poder escapar por la ventana ya abierta del dormitorio.
Neil curioso se asomó a cuanta caída tendría que bajar la chica; al instante miró a lo lejos la villa de Laroiss demasiado chiquita. No tuvo que mirar abajo para que comenzara a darle nauseas.

-¡Estás loca, podrías matarte! –dijo alterado Neil. Se hinca en el suelo y mira por la ventaja a la altura de su nariz.
-Son los riesgos que se toman… -mencionó la muchacha al mismo tiempo que con una prenda propia se tapó los ojos. Neil podía ver como las piernas le temblaban a la ladrona.
Al estarse a punto de lanzar Neil la sujetó de su cintura y la jaló hacia él para tirarla al suelo sobre todas las sábanas. La dejó a un lado y se pone encima de ella para evitar que se levantara.
Ella se destapó su venda y miró furiosa al chico a los ojos.

-No necesito tu ayuda –le dijo y escupió en su cara. Neil la miró con ojos preocupados, por unos segundos la muchacha hizo la misma mirada. Se penetró un silencio incómodo; después de unos segundos el joven carnicero se levantó.
-Vi como te temblaban las piernas, con esa inseguridad te hubieras matado con esa caída.
-No me importa tu preocupación. Entiende que no puedo caer en manos de la guardia real… alguien como yo no duraría ni un segundo en un juicio…

En el pasillo se escuchó la voz de Tedd dándole la señal a Neil para que saliera y corriera. A su vez en vez de Neil salió la joven corriendo desesperada; empujo a Tedd al suelo y corrió por el pasillo contrario a los guardias. Tedd se levantó rápidamente y miró a Neil con ojos de picardía.
Neil lo ignora y corre junto con él. Entre sus manos tomó la hilera de sábanas y las mostró a su amigo.

-Aunque si me da curiosidad amigo, la verdad es que no me interesa conocer las sábanas donde la hiciste tuya –le mencionó burlón McLorence.
-Que encantador comentario, pero no hablaba de eso. Tenemos que bajar lo suficiente y escapar con esto por alguna ventana.
-Gran plan… pero ahora sí, sobre la chica…
-Calla Tedd, yo la vi primero –le dijo sonriente Neil al momento en que doblaron una esquina libre de guardias.
-Estoy dispuesto a pelear por ella, ¿Sabes? –replicó de la misma manera Tedd.
-Eres tan fácil de enamorar…
-¿Qué puedo decir? Soy un alma romántica por excelencia, aparte de apuesto.
-¿No dijiste hace unos momentos que las golpearías en la cara?
-Me dolería más a mí que a ellas…

Se detuvieron por unos momentos al escuchar un grupo de guardias acercarse por el siguiente cruce. Ambos se escondieron bajo unas mesillas en el pasillo; los guardias iban ya decididos a atrapar a una de las chicas que se acorraló por sí sola en uno de los puentes hacia las torres.
Los comentarios de los soldados no llegaron a oídos sordos. Neil en vez de correr forzado hacia la salida, miró a los soldados de espaldas.

-Ojalá no estés pensando en lo que creo… -le dijo Tedd desanimado.
-Si yo conozco tus rostros, tú conoces los míos.

Neil fue tras los soldados corriendo a toda prisa. Tedd a lo lejos lo seguía gritando palabras que lo hicieran detenerse, al no poder pararlo lo siguió hasta que Neil mismo se detuvo en uno de los ventanales del pasillo. Divisó a lo lejos como los soldados se iban agrupando uno por uno en el puente de la torre y estaban acechando a la joven que ya antes había conocido.
La joven estaba en medio del puente y de ambos lados comenzaban a acercarse con mucha precaución los soldados con lanzas y escudos.

Neil ató bien el extremo de las sábanas a uno de los santos de piedra que estaban en los muros del castillo.

-¡Neil, no! –le gritó Tedd. Lo sostuvo de su cinturón y lo miró serio. –Tú le temes a las alturas, no llegarás jamás ahí abajo.
-Encantador comentario –ironizó el muchacho temblando de miedo.
-Tenemos que salir de aquí. Los guardias están distraídos con ella…
-Creí que dijiste que lucharías por ella –mencionó Neil con una sonrisa forzada.
-Bueno, pensándolo mejor…

Antes de que Tedd pudiera terminar su oración; el otro muchacho se desabrochó su cinturón y se echó sin pensarlo. Al principio no tomó la trayectoria correcta. Se pegó a los muros y comenzó a correr sobre ellos, se impulsó y con su vuelo logró llegar hasta donde estaba la chica en apuros. Su impulso fue suficiente para tomarla entre sus brazos y alejarse del puente; la muchacha conmocionada vio el rostro de Neil sin mucho afán; cuando estuvo a punto de darle una cachetada el joven perdió el control de la hilera de sábanas.
La trayectoria se perdió y se rebobinó a su origen, aunque no en el mismo lugar, cayeron en la entrada del puente hacia el castillo; aún con todos los soldados en el puente de roca más aparte los que estaban dentro de la mazmorra. Los jóvenes se levantaron. Al menos en el caso de la muchacha lo miró furiosa.

-¡Eres un idiota! –le gritó.
-¡Oh vamos! Me vas a decir que ya lo tenías todo controlado, y que te vine a estorbar de todas maneras…

Las pobres palabras alentadoras del joven callaron súbitamente cuando de pronto un helicóptero pasó con una escalera colgando en su parte inferior. La escalera junto con la trayectoria del vehículo pasaron por el mismo lugar donde se encontraba la joven antes de ser “rescatada” por Neil.
A lo lejos se escuchaban las palabras de las otras chicas sobre el helicóptero, preguntándose dónde estaba su jefa. Finalmente siguiendo el código: pasaron de largo y se fueron con el motín que pudieron.

-…. Ah…. –dijo a secas el joven decepcionado de sus actos. –Supongo que lo arruiné todo.
-¿Tú crees? –lanzó un comentario sarcástico luego de volver a clavarle una mirada furiosa sobre los ojos del muchacho. –No te conozco, pero ya te odio.
-Mi nombre es Neil Fernett, soy carnicero en…
-¡No me importa! –le interrumpió drásticamente clavándole otro golpe en su rostro. Ignorando los quejidos del muchacho ella blandió una espada proveniente de su cinturón. La sujetó firmemente del mango, dio un enorme suspiro y apartó su mirada un momento de la acción y la prestó más tranquila al muchacho. –Yo soy Molly, sólo Molly.

lunes, 22 de agosto de 2011

Capítulo 2

Capítulo 2
La   Gran   Central


Las estrellas se pusieron. Todos los faros de luz se prendieron en la villa de Laroiss. La noche le caía tan bien.
Los establecimientos volvieron a prender sus luces; la gente, elegante, salió de las tiendas y casas, dejaron atrás sus aparatajes vidas y se lanzaron a la noche. Laroiss estaba llena de misterios en sus casinos, el bule; con sus bellas muchachas vestidas en plata por toda la calle.

De la tienda de Barry también salieron los dos jóvenes. Neil estaba arto de haber permanecido más de cinco horas allí dentro en la tienda. El olor de las antigüedades era muy fuerte para su joven olfato; sólo alguien como Barry Jr. era capaz de aguantar tales aromas a madera vieja, polvo que se engaña en la ropa, que por cierto, la volvía muy vieja y acabada.
Neil se limpió sus ropas. Tras él Tedd hizo lo mismo y luego le dio golpes suaves en su hombro.

-Bonita noche.
-Como la de todas las noches –exhaló Neil desanimado.
-Lo sé. –dijo Tedd, segundos después puso su rostro de conquistador: rostro que Neil sabía muy bien que traería problemas futuros a cortos o largos plazos. –Te dije que tenía una sorpresa para hoy.
-¿En serio no podemos sólo volver a nuestras casas? –decía Neil mientras observaba a su amigo vivaracho sacar una hoja de su bolsillo
-Aquí esta –dijo Tedd ignorando las palabras de Neil. Ambos se comenzaron a ir para una dirección diferente a la de sus casas. Neil siguió quejándose solo a la par que seguía a Tedd.
-En serio, a veces extraño ver a mi mamá de noche Tedd. –ambos caminaron hasta tres calles subiendo por la ciudad. -¿Qué será esta vez? ¿El cierre del museo? ¿Incendiar algún edificio? ¿Un picnic en la montaña rusa del parque? –siguió quejándose.
-Esta vez no planeo algo demasiado extremo amigo… sólo veremos a un par de pollitas en la gran central.
-¿Pollitas?
-¡Mujeres Neil! –le gritó desesperado. –De verdad ya te faltaba salir. ¿Alguna vez has visto alguna mujer que no sea tu mamá?
-¿Tú mamá cuenta? –dijo Neil con tono burlón.
-Já… Já…–rió sarcásticamente. –Muy gracioso.

La conversación de los muchachos aguantó hasta que, de la villa pequeña con casitas de barro y puestos tirados en la calle; establecimientos de pan y pescado, vinos y licores, frutas y verduras. La villa de Laroiss se fue convirtiendo poco a poco en La Gran Central.

La Gran Central era nada más ni nada menos que la parte de la ciudad que le pertenecía a la familia real. Y todos los habitantes de esta zona céntrica eran potencialmente ricos; variaban desde los típicos lugareños que se ganaban la lotería y compraban terrenos en esa parte de la ciudad; hasta los que venían de otros lugares y querían pasar sus vacaciones en la villa de Laroiss y de allí a La Gran Central.
Las miradas eran opacadas por el brillo de sus casonas; los boulevards, los restaurantes enormes con promocionales encima de sus tejados, las luces parpadeantes de las esquinas, los semáforos que daban el paso a los vehículos. Todo brillaba mucho más reluciente. Por obvias razones la vista de Neil no perdió placer con el pasar de las calles. Para su querido amigo McLorence todo esto ya era bastante conocido, prefirió guardar sus ansias y continuar caminando hasta la gran fuente; en la céntrica plaza de armas.

Llegaron y se recargaron en la fuente. Neil estaba intranquilo.

-No deberíamos estar aquí, nuestros atuendos saltan mucho con todo este lugar.
-No te preocupes, siempre y cuando traigas algo de glins todo está bien. –le dijo y le mostró una cartera vieja llena de glins brillantes en plata y oro. –Además no hacemos nada malo, las pollitas son de aquí; de La Gran Central. Tampoco es como si nos estuviéramos acercando al castillo.

Tedd soltó una risita y a lo lejos divisó y reconoció a dos chicas acercándose a los jóvenes.
A diferencia de los muchachos polvorientos y sudados de tanto caminar, las chicas estaban relucientes. Sus vestidos les hacían justicia que eran pertenecientes de ésta parte de la ciudad; sus sonrisas se soltaron a pequeñas risitas mudas que destaparon el poco interés que tenían en los muchachos, y su mucho interés de lograr algo ésta fría noche. El sonido de sus tacones llegó hasta los oídos de los muchachos, ambos se miraron a los ojos y se produjo un inquietante silencio cuando las jóvenes llegaron y saludaron.

El silenció se vio interrumpido cuando Tedd comenzó a platicarles:

-Buena noche la que yace sobre nuestros cabellos, que aunque los nuestros, mal peinados, nos llenan de alegrías y emociones el tan sólo pensar en pasar una bella velada con ustedes…

El silenció penetró más profundamente que la vez pasada en el rostro de los cuatro. Una de las chicas frunció una ceja y miró al pobretón que tenía enfrente.

-Está bien… ¿A dónde iremos? –preguntó tratando de hacer oídos sordos a las anteriores palabras del muchacho. Que aunque no faltantes de romanticismo ella no era lo suficientemente culta como para entender el significado profundo de su acompañante.
-Tengo hambre –rugió Neil con poco interés en las chicas.
-Yo también –replicó la otra muchacha que estaba pocos centímetros detrás de la primera que habló.

A partir de esas palabras los cuatro se fueron de la fuente y dieron paso a un restaurante de lo más elegante. La bella construcción de los muros era un estilo que se asemejaba mucho a las enormes casas del norte: estructuras sólidas de roca negra. La piedra del norte era conocida como “Roca caliente” provenientes de sus volcanes, lograban monumentos elegantes y con cierto interés turístico.
En éste caso el restaurante tenía la gran estructura de roca, pero con acabados sobre tejas de rojo escarlata.

La observación de Tedd a ella fue que tenía un estilo parecido a los grandes imperios de las ciudades volcánicas de Wenlef; las jóvenes quedaron impresionadas por el vasto conocimiento que desprendía McLorence con cada cuadro que pasaban por los pasillos que conducían al restaurante. Poco a poco su recorrido de la puerta hasta terminar los cuatro sentados en la mesa fue cambiando los rostros fácilmente enamorados de las chicas hacia Tedd.

El menú no tardó en llegar, mismo tiempo que no tardaron tampoco las expresiones de Neil hacia el precio de la comida; Tedd por otro lado estaba bastante tranquilo. Neil pensó que si había visto lo mismo que él y permanecía así, entonces su mejor amigo era un maestro del engaño.
Las chicas tomaron su orden y pidieron ambas lo mismo; como si de gemelas se tratara, o quizás ambas se comparten el cerebro: un té de manzanilla con una capa de miel almohadada en azúcar de los montes Kilers; como sopa pidieron la del día, la especialidad de las rutas volcánicas, de el ya mencionado por Tedd, pueblos de Wenlef; y como plato fuerte pidieron un corte fino de carne de Jolhmi.
El mesero no hizo ninguna expresión, anotó cada una de las exigencias de las señoritas y se volteo hacia los jóvenes. Tedd sonreía despreocupado, miró al menú y pidió una ensalada con frutas exóticas de los valles de Laroiss, muy cerca de estas regiones; como platillo fuerte se sentenció pidiendo un corte fino de Jolhmi, igual que las chicas pero con una salsa especial de la casa, algo picosa pero con un toque dulce; para tomar pidió una soda burbujeante de menta. Terminó, cerró el menú y se lo entregó al mesero, que con la misma expresión miró a Neil, quien se limitó a pedir agua.
El mesero tomó el último menú, una de las chicas pidió que dejara un menú para ver lo que querrían a la hora del postre. El mesero pidió permiso y se fue elegantemente hacia otras mesas.

-¿Seguro que no quieres algo de comer? –preguntó no muy preocupada una de las chicas mientras se retocaba su maquillaje.
-Seguro –dijo Neil entre dientes y no pudo evitar lanzarle una mirada a Tedd de desesperación.
Tedd respondió su mirada con una sonrisa tierna. Se volteó de nuevo a la conversación con las chicas y por unos segundos esa sonrisa, que aunque sabía que era hipócrita, lo mantuvo un poco aliviado.

Antes de traer la comida las chicas pidieron ir al baño, como de costumbre, juntas. Tedd se despedía de ellas con sus ojos perdidos en ambas y su rostro enamorado, su mano la agitaba de arriba abajo gritándoles que no se tardaran demasiado.
La puerta del baño no había cerrado todavía cuando Neil pierde los estribos y comenzó a gritarle a su acompañante, no antes sin darse cuenta que sus gritos no los alcanzaran a oír nadie más:

-¡¿Pero qué demonios te pasa?!
-No creí que ellas nos llevarían a un lugar tan caro… -explicó Tedd.
-¿De dónde las sacaste? –preguntó indignado.

Tedd comió un pedazo de pan que trajeron los meseros como entremés.

-Una tarde me paseaba por aquí, y las vi. Me gustaron….
-Y qué vamos a hacer –interrumpió el joven con enojo. Entre sus manos arrugaba una servilleta de las que se ponen en las piernas. –Dijiste que tenías algunos glins… -se desanimó.
-Sí, pero no pensé que…
-¡¿Qué vamos a hacer?! –volvió a interrumpir desesperado y mordiendo la servilleta.
-Mira, ahí vienen, tú déjamelo todo a mí.

Las chicas llegaron y se sentaron. Al instante la comida fue servida; los platillos, sopas y las bebidas. Tres cuartos de la mesa estaban repletos mientras que uno sólo se divisaba por un vaso de agua natural.
Una mirada matadora de Neil le fue suficiente a Tedd para tomar cartas sobre el asunto.

-¿Está rica la comida? –preguntó Tedd vacilante.
A Neil se le escapó otra mirada ya casi con el tic de su ojo desbordándose.

-Bueno, bueno chicas… me lastima éste sentimiento que me provoca ir directo al meollo del asunto. –las chicas pararon de comer y lo vieron con incógnita. –La verdad es que no tenemos suficientes glins para pagar lo que hemos pedido, apenas y podremos pagar el agua de Neil… -agitó su mano y por accidente tira el vaso de agua al suelo, se derrama sobre la roca caliente. Neil continuó con su tic nervioso y su mirada furiosa esperando a que Tedd terminara de hablar. –Lo siento amigo, en fin… el problema es que no tenemos dinero. ¿Qué pasará?

Las jóvenes tragaron su comida al mismo tiempo y los miraron por unos segundos; acto seguido se miraron a los ojos y comenzaron a charlar en susurros como si de un secreto se tratara. Neil y Tedd cruzaron miradas preocupados; eso no detenía a Tedd de comer su asado placenteramente.

-Muy bien, les pagaremos sin problema la comida…
-¡Oh! Muchas gracias –dijeron ambos muchachos.
-Pero…
-¿Pero?...
-Tendrán que hacernos un favor…. Especial –dijo con ojos picaros la otra chica sobre los orbes verdosos de Tedd.
-Já, nosotros somos expertos en hacer favores… -pausó Tedd con picardía, con su lengua remoja sus labios y continua. –Especiales.

Las chicas se vieron con una sonrisa de dientes.




-¡¿El castillo de Catherine?! –gritó Tedd frente a una enorme construcción de piedra medieval. Cada torre tenía su propio puente y escaleras inferiores. La entrada era delimitada por una reja de hierro, aunque era uno de los castillos más hermosos de la generación; de noche no podía evitar tener un lado lúgubre y endemoniado entre sus chorreantes muros llenos de lama.

-Si –replicó una de las chicas dando un paso al frente, quitó una roca de los muros laterales de la entrada y la hizo a un lado, mostró una posible entrada para los campos del castillo. –Para pagarnos el favor de la comida ustedes nos acompañarán al castillo de la reina Catherine y obtendremos al menos una prueba irrefutable de que estuvimos ahí.
-Nos gustan las emociones fuertes –replicó la otra chica y entró por el pasadizo.
-Todo esto me da tan mala espina. –dijo el joven carnicero asustado y temeroso de entrar al pasadizo.
-Ve el lado bueno amigo.
-¿Cuál?
-Comimos gratis –Tedd sonrió
-Cállate –dijo molesto y lo siguió.

viernes, 19 de agosto de 2011

Capítulo 1

Capítulo 1
La   villa   de   Laroiss


Era verdad que el televisor de la tienda de Barry ya había tardado mucho tiempo en repararse. Los jóvenes dejaban de ir a sentarse en la calle para alimentar sus mentes con las imágenes del aparato, casi al mismo tiempo Barry Jr. se quedaba sin clientes.
Él limpiaba su estante, donde había aparatos antiguos de todo tipo; variaban desde relojes de piso: alhajeros, calzado importado, lavadoras, candelabros, entre otras cosas. Pasaba el trapo y soplaba para secar el vidrio. El reflejo de un niño le robó la mirada y de inmediato volteo a la entrada la cual ya campaneaba con la puerta abierta; un segundo campaneo se hizo cuando la puerta se cerró.

El niño entró y caminó hasta Barry Jr. sin mirar ninguna de las reliquias expuestas en las paredes. Parecía que tenía una prisa tremenda en llegar y hacer contacto con el hombre. Éste dejo de limpiar su estante y se secó las manos con su pantalón negro de tela. El muchacho se sentó en el banco y de pequeños saltos se arrimó al hombre: sus avellanados ojos y su cabello de color castaño oscuro no podían engañar al hombre, se trataba de su cliente más recurrente: Neil Fernett.
El joven inquieto comenzó a renegar la falta del televisor en la tienda. Parecía como si el niño viniera todas las tardes para ver sus programas antes de cumplir los mandados. Al niño le costaba bastante mantenerse al nivel del mostrador para no perder visibilidad, puso sus manos sobre el vidrio, recibiendo una obvia y casi automática reprimenda de Barry Jr. sobre las políticas de la tienda, la ya clásica –no pongas las manos sobre el mostrador-.

-¿Crees que lo tendrás listo para las cuatro de esta tarde? –preguntó Neil con ansiedad.
 -No te voy a mentir niño –le dijo, se encorvó y le miró como a un amigo.- Me será muy difícil y tendría que ponerlo en “urgente” para que mis ayudantes lo atiendan lo antes posible. Normalmente tratándose de cualquiera cliente te diría que estará de tres a cuatro días…
-Pero… -interrumpió.

Barry Jr. sonrió.

-Descuida Neil, te lo tendré antes de las cuatro de la tarde.

El joven saltó de su asiento con júbilo y corrió por la tienda hasta la puerta de salida. Tras él se escuchaban las palabras de Barry Jr. despidiéndose y al mismo tiempo las tablas del suelo rechinando tras sus pies. Antes de salir Neil gritó al vendedor su pronto regreso, abrió la puerta y salió corriendo por las calles de Laroiss.

Era una villa de suelos pedregosos; casas lindas y pequeñas: amontonadas una tras otra y escondidas entre callejones a desniveles.
Neil corrió por el mercado; las tiendas de verduras y pescado ya cerraban. Los vendedores saludaban a Neil como un viejo conocido.
Uno de los vendedores rechonchos  le advirtió un lanzamiento y sobre su cabeza voló una manzana de lo más redonda y deliciosa. Neil la atrapó con una mano,  se giró por unos momentos para dar las gracias.
Por unos segundos corrió de espaldas; al darle la primera mordida a la manzana se devolvió al frente y siguió con pasos veloces hacia la carnicería de la esquina.

Al entrar se quitó los zapatos y continuo un paso lento pero firme por el establecimiento. Atravesó una sala; del perchero tomó un mandil y una gorra, al momento en que pasó la cocina se los fue poniendo, cruzó una última puerta y ya se encontraba recibiendo a unos clientes en la parte trasera del establecimiento.
Durante muchas horas atendió a los clientes que iban llegando a pedir cortes específicos de carne. No tardó mucho cuando su mamá también llegó a ayudarle, con sus pequeños regaños acerca de su puntualidad. Neil no ignoraba, pero pretendía acabar con las órdenes rápido para tener la tarde libre.

La carnicería del Abastor era el único lugar en el viejo Laroiss que surtía carne de todo tipo, desde los típicos cortes de Arketi, hasta la carne de Jolhmi que la consideraban la más fina en sus alrededores.
La tienda la abrió su madre hace muchos años junto con su primer y único marido, antes de que Neil naciera. Desde entonces su madre cuida el establecimiento junto a su hijo que lo crió para hacer los mejores cortes de carne de toda la villa. El niño creció y no le tomó el mal gusto a todo esto. Con lo cual él espera tomar riendas del negocio familiar e incrementar, algún día, las posibilidades de venta y exportación de la carnicería de Abastor, hogar de él y su madre.





El medio día cayó. La tienda era un desastre, Neil con su escoba trapeó todo el cochinero que habían dejado todos los clientes al obtener sus cortes y largarse con mucha prisa de la tienda.
Aunque Neil había vivido atareado toda su vida, él siempre encontraba reconfortarse con los detalles más diminutos, pero de mayor importancia para él. Aunque nunca haya conocido a su padre él es deseoso de servir a la unida y bonita comunidad de Laroiss; donde abundaban más los mercantiles que los niños, mucho más el pan y el vino que la gente rica y prepotente.

Sonó la campanada de la entrada; Neil miró tras el mostrador y vio caminar hacia él a su mejor amigo de toda la vida: Tedd McLorence; 15 años, la misma edad que Neil, sus facciones eran más maduras que las del joven carnicero, pero en sus ojos verdes tiene la misma mirada de emoción.

-¡Bonito mandil! –le gritó Tedd desde la entrada en tono de burla
-¡Calla! –Le gritó sin dejar de barrer -, llegaste más temprano de lo que te esperaba.
-¿Hablaste con Barry Jr? –le preguntó su amigo y se sentó en el mostrador.
-No puedes sentarte en el…
-Sí, sí, si… en el mostrador… -interrumpió Tedd -, como si no supieras que esto es parte de los gajes del oficio. La ley típica de los mostradores.

Neil lo ignoró.

-Sí. –Le responde –Hablé con él, dijo que lo tendría antes de las cuatro.
-Entonces dentro de poco. –pronunció Tedd y miró a Neil trabajando con la mirada baja. –Si realmente quieres que me baje del mostrador…
-Si, por favor.
-Está bien –Tedd dio un salto fuera del alcance del mostrador. Con una mano tomó una escoba y ayudó a su amigo a barrer todo el local. –Te tengo una sorpresa cuando se acabe el programa. –Hizo un preámbulo. –Estoy seguro que sabrás apreciarla de mi parte.
-Si es de tu parte seguro tendrá que ver con meternos en problemas –replicó el carnicero de mala gana.
-Pero no te enojes tanto, que bueno que somos amigos –ironizó, soltó una risa y dejó la escoba por un lado al ver que el local ya se encontraba bastante limpio. Dio un silbido y se secó el sudor de su frente, se volvió a Neil después de un rato –últimamente te veo más frustrado que de costumbre, ya casi ni te veo hacer bromas como antes.

Neil tomó sin mucho entusiasmo las dos escobas que habían usado y las guardó en un pequeño cuartito en la cocina. Luego con un movimiento de su mano invitó a Tedd a pasar a su casa.
Ambos caminaron hasta la sala.

-Lo siento Tedd, bueno la verdad no tanto –rió. –Sabes que yo soy así, a veces así… eso no significa que no aprecie las cosas que haces.
-¿Te preocupa algo?
-Si –dijo Neil sacando su abrigo. –El perderme éste episodio de Vidas al aire.

Tedd compartió una sonrisa y acto seguido corre tras Neil. Ambos abandonaron la casa y corrieron a todo lo que sus cortas piernas daban hasta llegar a la tienda de Barry.
Las tiendas ya estaban cerradas, todos los mercantes ya habían saqueado sus mercancías para al día de mañana volver a montar. La orden real les permitía vender bajo un estricto permiso de propiedad; cada esquina y cada local estaban bajo un registro permanente dictado por la familia real en lo más alto de toda la villa de Laroiss.

La tienda de Barry ya también estaba cerrada. Neil y Tedd llegaron, tocaron la puerta en código morse y Barry Jr. los dejó pasar mirando a ambos lados de la calle antes de cerrar la puerta muy lentamente.
Neil y Tedd fueron directo a la trastienda, momentos después entró Barry Jr. y cerró con unas persianas, dejando todo a oscuras; pero no por mucho tiempo, pues prendió una lámpara vieja y ante todos estaba el televisor en mejor estado que esa misma mañana.

-Lo reparaste –pronunció Neil, fue chitado por Barry Jr. al instante.
-Sabes que la reina no nos permite a nosotros vender después del canto de Feeing…
-Pero todavía no suena… -interrumpió Tedd al mismo tiempo que él fue interrumpido por el canto de Feeing.
Las trompetas del palacio real de Laroiss resonaron por toda la villa; no era ninguna novedad ya que todas las tardes entre semana sonaban con todas sus fuerzas como ultimátum para las calles. Cualquier persona que se viera rondando por las calles sería llevado hasta la corte real y sentenciado. Durante cinco horas ninguno podía salir ni vender nada, ni dejar que nadie entre a cualquier establecimiento. Por esta misma acción el verdadero ánimo de Laroiss está en sus mañanas y noches.
El canto como de mil pájaros dejó de sonar y prendieron la tele con el menor ruido posible.

-¿Por qué tanta prisa de ver Vidas al aire? –preguntó Barry Jr. sentándose en el suelo y mirando la televisión.
-Hablarán del “héroe” de Neil –pronunció sin mucho entusiasmo Tedd y se sentó al lado de Barry Jr.
-Nada más ni nada que Monihiant Xyay… -se calló y los tres pusieron mucha atención a la televisión.

Una voz femenina comenzó a decir:

Monihiant Xyay. Hombre del año, el rostro que nadie conoce pero que a todos nos inspira, apasiona. Hoy abre ya su fundación número 16 para ayudar a combatir la pobreza en el mundo. ¿Qué sabemos de él?

Es actualmente soltero.
¿Codiciado? Cómo no…. Si aparte de ser el hombre más rico del mundo no hay ninguna conversación casual en la que su nombre no se diga. Aparte de ser un fiel partidario de la política, gasta su dinero dentro de sus mismas fundaciones para no sólo crear lo que nosotros vemos como rocas en formas de pilares, sino que también actualice todas las instalaciones con la última tecnología. Actualmente el número de personas ayudadas y hospedadas en estos, ahora 16 centros, son de alrededor de 700.000.00 personas. De todas partes del mundo…

La voz continuó durante 15 minutos más a informar acerca de las nuevas políticas dentro de los establecimientos. Y de todos los planes futuros que el señor Xyay tenía contemplados.
Los ojos de Neil se iluminaron casi tanto como las ganas de Tedd de largarse de ese lugar; a él nunca le agradó Monihiant Xyay. Creía que era un hombre con demasiado poder, y él tenía ciertas inquietudes por ver como una sola persona podría usar tanto poder sobre un solo mundo.

-Estuvo genial –susurró Barry Jr.
-¡Verdad que si! –gritó el joven carnicero con emoción, al instante fue silenciado con un chito por su amigo.
-Yo creo que Monihiant Xyay es una farsa –articuló Tedd.
-¿Cómo puedes decir eso sabiendo todo lo que está haciendo? –mencionó atacante Neil.
-No lo sé, hay algo… ni siquiera lo conoce alguien. Todos hablan de él pero nadie lo ha visto –calló por un momento para sentarse en un banco en la trastienda -, digo, alguien tan importante como él debería aparecer en portadas de revistas, periódicos, películas, etc.
-Yo no sé mucho del tema –se incorporó Barry Jr. a la conversación –Pero cualquier persona que esté gastando su fortuna en las personas que lo necesitan y que todo eso esté abierto al público general, me hace darle mi visto bueno. Quizás nadie lo conozca, pero es como Dios… no faltan cosas en el mundo para creer.

Apagaron el televisor y esperaron sentados hasta que la noche cayó.

Prólogo.

Prólogo
¿Quién   es   Monihiant   Xyay?

Seguramente ya te has hecho la misma pregunta.
¿Quién es Monihiant Xyay?: es seguramente la pregunta más recurrida desde aquella -¿Por qué vinimos al mundo?-. Aunque las personas no te dejan de preguntar no hay respuestas qué darles.
Se sabe, en extremo, muy poco de Monihiant Xyay…. ¿Qué se sabe?:

1: Es una persona.
2: Está vivo…
3: Es alguien importante

Dejaré un espacio para que ustedes pongan su propia lista:

















¿Quién es Monihiant Xyay?
Quizás alguien que no quiere ser molestado. Un famoso por accidente; alguien a quien le han regalado una vida fácil o llena de problemas. Dueño de muchas empresas, típicas, verdaderamente, de esas que sabes que están ahí, a la vuelta de tu casa, pero no sabes qué clase de ojos y manos las dirigen.
¿Algún amigo? No que yo sepa. El misterio influye inclusive hasta familiares, pues no se ha sabido de ningún familiar que esté conectado directamente con Monihiant Xyay. El apellido no es repetido; supongo que las personas le han de guardar cierto respeto al misterio.
Todos saben donde vive, todos saben dónde encontrarlo, pero nadie lo ha visto. En los medios lo tratamos como una leyenda urbana, una bocanada de aire que se lanza en las conversaciones. Otras personas lo tratan como un héroe anónimo; los que dicen haber vivido en los tiempos de Monihiant Xyay indican que nunca le pusieron suficiente atención; hasta que se comenzó a volver rico y famoso la gente lo miró, pero ya era muy tarde. Nadie lo recuerda físicamente.

¿Quién es Monihiant Xyay?
Un ángel que protege a los inocentes. Sus fundaciones ganan millones, cierto, pero a costa de dar hogar a las personas sin hogar; alimentar a los hambrientos, ayudar a los que lo necesitan. ¿La vida de Monihiant fue tan trágica que decidió dedicar toda su vida y fortuna a los demás? Tuvo que serlo, no conozco a alguien que tenga todo ese dinero y no lo invierta en algún capricho suyo.
O quizás no. Quizás Monihiant no es la excepción de esos ricachones que se compran autos lujosos y salen con supermodelos. Sólo que no se deja ver; ¿Creerá que lo vamos a acosar?
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La verdad es que si… No les voy a mentir. He pasado tres años de mi vida siguiendo la historia de Monihiant Xyay; no sé si hay otros como yo que han hecho lo mismo. Sí los hay, están bien escondidos.

En resumen.
¿Qué sé de Monihiant Xyay?... lo mismo que nada. Me vi frustrado a dejar toda mi carrera por no saber quién es él.

Para dejar claro algo. Éste prólogo no tiene nada que ver con la historia que a continuación van a leer. No soy yo quien la narra, ni tampoco soy testigo de todos esos acontecimientos. Quise escribir éste prólogo para dejar en claro que, la pregunta y el misterio ahí siguen.

¿Quién es Monihiant Xyay?.................................. No lo sé.










T h e     J o u r n e y     T o     M o n i h i a n t     X y a y.

jueves, 4 de agosto de 2011

Nueva info y trailer.


Trailer de The journey to Monihiant Xyay


Mejor calidad del video: http://vimeo.com/27300395

En si, ha pasado ya tiempo y he comenzado este proyecto que plantea una historia fantástica en un mundo ficticio por supuesto. Monihiant Xyay es sólo el pilar de muchas otras cosas que encierra esta aventura, de la cual pondré el prólogo, junto con el capítulo 1 el día 19 de agosto del 2011.
Hasta ahora esta primera parte de la historia constará con un prólogo, 24 episodios y un epílogo.

The journey to Monihiant Xyay:
El misterio de Monihiant Xyay apenas comienza.